lunes, 21 de noviembre de 2011

60 días para decir lo que a nadie le importa. Sé que este mundo existe. Que estoy situado en él como mi ojo en su campo visual. Que hay en él algo problemático que llamamos su sentido. Que ese sentido no radica en él, sino fuera de él. Que la vida es el mundo. Que mi voluntad penetra el mundo. Que mi voluntad es buena o mala. Que bueno y malo dependen, por tanto, de algún modo del sentido de la vida. Que podemos llamar Dios al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo. Y conectar con ello la comparación de Dios con un padre. Pensar en el sentido de la vida es orar. (Ludwig Wittgenstein, Diario filosófico)

jueves, 11 de febrero de 2010

Dibujos

Acá puse algunos de mis dibujos de los últimos 10 años. Al igual que este Purgatorio, no son más que borradores que reclaman entidad. Algún día pasarán de ser proto ideas a algo que me guste más, por ahora son ensayos.

El link:
http://picasaweb.google.com/lsferreyra/Dibujos#

domingo, 29 de noviembre de 2009

Nueve años después, más o menos lo mismo...

No busco escribir palabras conexas, sólo nada, no, mejor, no nada, sino una cosa extraña que está entre algo y nada.
Es violencia contenida, pero no. Sigo pensando en el viejo con el saco raído que me espera a la vuelta de la vida, en Clemente diciéndome a mí mismo que no corra, que lo mejor para este tipo de circunstancias es la fe en lo irracional y un tecito de ruda macho.
No hay fantasías reales, menos perdurables. Cualquier construcción ficticia no trasciende su propia ficcionalidad; esta porquería de ensayo de supervivencia no sólo liquida la eventual supervivencia, liquida la vida y cualquier resabio de ser en sí (mí) mismo, es una patética miseria… tarde o temprano tendré que entrar en los abismos y salir de ellos siendo sólo un viejo de mierda con un saco apoliyado y nada más, solo y más solo que un perro sarnoso en el día previo a su defunción. Pero no es ese acaso el destino de todos nosotros, pobrecitos mortales, destino que evitamos sistemáticamente creyendo que hay otros del otro lado que son una mano extendida pero que en realidad son seres tan o más desesperados que nosotros?
No encuentro cobijo más que en el llanto de los que lloran y dolan de la misma manera que yo, quizás con más arte y originalidad pero en esencia de la misma manera. Es complicado seguir adelante cuando hace tiempo en tu camino debería haberse cruzado un final autoimpuesto.
Ok, supongamos que uno crea una ficción de supervivencia relativamente sustentable, en la que el ser se transforma, se trastorna, pero el fondo de un sábado etílico aún permite encontrar espacio para lo realmente esencial. Para qué, cuál es el sentido de todo el delirio ridículo? Para qué hacer toda la pantomima? El fundamento como tal no existe; quizás siendo más lúcido, quizás viviendo a través de un Nietzsche, o mejor de un Hegel, uno hubiese podido tener aspiraciones a superar el ahogo. Pero en estas condiciones cuasi primigenias, qué resto queda? Alguna vez lo escribí y lo repito: peor que ser ignaro y no tener interés en no serlo es ser consciente de tu pobre naturaleza, pretender superarla y darte cuenta de que con los recursos que contás es imposible y no podés más que penar tu angustia y reconocer que nada de lo que puedas hacer te permitirá superarla.
Algún día debería intentar reconciliarme con el que soy, independientemente de figuras externas y títulos. Debería volver a irme al culo del mundo, a la Antártida o similar, con el plato de comida seguro y todo el tiempo del mundo para intentar pensar un rato en paz, sin ruido que permita esquivarle el bulto al asunto.
Aquí no hay decoraciones ni intentos estéticos, patéticos, de ningún tipo. Simplemente me encuentro con el que quiere entender algo pero se da cuenta de que no tiene los medios para entender absolutamente nada y que sabe que tarde o temprano se va a cansar de jugar a vivir una ficción insustentable y que también se va a cansar de intentar entender lo que por derecho natural no tiene permitido comprender.
Lo bueno de estar liberado de la forma es que el contenido no queda contenido a lo que una forma le permite ser. Escribir como se vomita, sin necesidad de crear personajes ni demás excentricidades para decir lo que uno siente o necesita decir es, de alguna manera, una experiencia liberadora atemporal. Supongo que todo lo demás surge por una necesidad narcisista difícil de disimular; esto es un asco, es patético, con lo cual me aseguro que a nadie le va a gustar y, justamente por eso, me permito escribir de la manera más estúpida y asquerosa que quiero o me sale sin ningún tipo de delimitación. No hay forma, no hay canción ni rima ni métrica ni argumento ni tres carajos: este dolor insoportable que me acompaña básicamente desde que tengo uso de razón sólo pide salir por algún lado, y supongo que la mejor manera para darle forma es la manera informe: total, soy un paria, un lamentable despojo de mercenario intelectual que tiene que refugiarse en sus escasos minutos de sinceridad como para poder ser él mismo. Ja, en realidad no hay dibujo ni novela esperándome: lo único que me espera es un vómito irrefrenable, no hay un teorema literario ni una venerable excursión surrealista a los abismos de la locura: hay, únicamente, un vómito an-ideológico, una expulsión repulsiva hija de la antagonía entre mi… coso, y el disfraz, el superviviente.
Prometeo encadenado…? Nah… más bien una especie de Ulises enterrado en un fango mierdoso, cagado por él mismo, una ciénaga chupóptera que no deja ni salir ni respirar, que asfixia incluso hasta la sinacsis más vásica.
Cada vez que mira el humo de una taza de agua caliente se pregunta cuál es la correlación entre esas volutas que se encierran en sí mismas hasta límites infinitesimales y la respuesta a la pregunta. Alguna vez recordó haber ensoñado ser el verdugo de un universo, recuerda el placer de sentir la hoja metálica humeando sangre ajena y el sabor del odio encarnado. Supo qué fue el querer destruirse a sí mismo por no poder tolerar la idea de haber sido el mayor hijo de puta existente. Demasiadas imágenes simultáneas asaltan la vista y nublan la causalidad. Todo se desenvuelve en una simultaneidad en realidad comprensible, en cierto plano, ese en el que el raciocinio habitual es más traba que aliado.

Nuevo Milenio

Escrito a fines del año 2000


duro como un ladrillo tirado en la esquina del corchete que los parió. la letra izquierda del tomate escondido en la comisura de tu inexplicable aturdimiento.

violencia

violencia

violencia

letras estupidas y y y y

un dia desperto caminando en la oscuridad de su sufriente soledad, murió trantando de dar ese salto insaltable hacia el vacío lleno de nada. y cuando se avivó ya se había fumado tres atados.

cuando aprenderás, cariño. las últimas tres palabras que su neurona era capaz de archivar. hacia donde iria ahora, que no tenia nada que hacer ni por que hacer; lo. en el desierto las cosas naranjas no se notan. por la arena, vistes. la mano grasienta que estaba al final de su puño pasó como un relámpago que no se decide a bajar por la sumatoria de sus cabellos con su grasa de vaya a saberse cuántos días más que hacía que se iba que no, el olor rancio era insoportablemente dulce y a pesar de todo lo quería, le gustaba porque era casi lo único que le quedaba de sí. el sol caliente calentaba tanto ya que le daba frío. como no tenía nada más que hacer caminaba hacia algún lugar. que era lo mismo que decir que no caminaba hacia ninguna parte. o que no caminaba. o tal vez era ese viento molesto lo que movía las dunas y el no se movía, o sí también, y todo en conjunto. ya para esta altura el puchito se le apagó y no tenía ganas de encender otro, las arrugas le daban culpa y le impedían prenderlo. el mozo le trajo el café por fin y lo sacó de esa cavilación surrealista y lo trajo a esta otra, donde el faso seguía encendido. la furia no se había ido y volvió ahora en el vapor del café amargo que le traía ese pobre desdichado que tenía casi su misma cara, si no fuera por los años de más. me quedé mirando el café y las formas del humito hasta que se enfrió y me cagó, humo de mierda. el barcito ése de mala muerte al cual había ido a parar cuando hubo pasado la resaca se estaba llenando de personajes a los cuales se había acostumbrado (quién lo hubiese dicho) que llenaban el lugar con esa especie de ronroneo soporífero que suele generarse en los lugares donde la gente gusta apelotonarse y le molestaba la promiscuidad del aire viciado y escupido por la puta que se había cojido hacía un rato. cuando se despertó era de noche y hacía demasiado frío como para poder sentir los miembros y ordenarles que hicieran alguito, aunque más no sea cavar un poco en la arena hasta llegar a una profundidad a la que el frío no hubiese alcanzado todavía. encima la petaca estaba ahí nomás, y la pelotuda de la mano no hacía caso. hubo que despertarse del todo y laburar con los dos brazos adormilados como para parar la botellita y destaparla con los dientes y agarrarla con los dientes y tomar un trago largo que medio se jue por la nariz y lo ahogó y se puteó y se cagó de la risa de lo boludo que lucía. un rato y un par de tragos después su cabeza estaba como sus brazos, así que por simpatía le respondieron y por un rato metió sus uñas en el polvillo arenoso hasta llegar al mismo tiempo que una náusea a una profundidad tal que no quería cavar más. como el café se había enfriado ya lo podía tomar así que se animó a mirar de vuelta ese cúmulo de papeles que se alternaban adelante de su mesa y peleaban por un poco de bola. las putas cuentas impagas fruto de su vocación algo etérea estaban cagando a golpes a todo el mundo, pero las mandó a la mierda en cuanto pudo juntar las ganas de agarrar alguno de los otros. la nota de esa revista era una farsa falaz que no era lo óptimo para un momento como este; sus pelotudeces siempre inconclusas, sean meditaciones metafísicas o meros arranques de poesía o prosa irracional no se animaban siquiera a levantar la voz, de tanto cagazo que tenían a ser bollo. y el resto del laburo había que leerlo, y eso era ya demasiado, así que optó por pedir otro café, esta vez con bastante cognac o alguna de esas cosas que ustedes saben ponerle y que le dan tan rico sabor y hacen tan bellas las cosas.

quién sabe dónde andará a estas horas, perdido quizá en el mundo del rincón más oscuro del costado del suelo, acurrucado contra el frío, adoquines en mano y contándose las puntas de los dedos de los pies con las orejas, para matar el aburrimiento y no pensar en lo helada que se siente el alma cuando se está tirado en un rincón con un sobretodo apoliyado sobre los hombros como único refugio contra esa supuesta realidad que le dicen que es real, pobrecitopobrecitos. el sánguche que le tiró esa vieja antes de venir para el puerto estaba bueno, casi tan bueno como el café que creía haberse tomado, o que a lo mejor tomó algún día, pero que si lo hizo fue hace tanto que la memoria es difusa y ya parece uno de esos recuerdos en los que la mitad se inventa. el olor a mierda del río se mezcla con los residuos de gasoil en el aire y da a esta noche de siluetas de grúas enormes contra reflectores muy potentes una presencia de realidad fantástica, es una forma en realidad disfrazada de defenderse contra la misma grúa y su sombra, su terrible y despampanante sombra que juega con el pobre imbécil, que juega como si recién hubiese empezado, que juega como si quisiera enseñarle que el mundo es de ella y de su voluntad. el silencio no se corta tampoco con el viento, que se calló y gusta callarse sólo por generar clima.

y cuál es la puerta, quién sabe por dónde correr para salir o escapar para dónde quién sabe dónde, por qué, para cuándo y cuándo iremos a parar adonde esperamos ir a parar, o qué haremos una vez que podamos saber que queríamos estar allá alguna vez, aunque sea tan sólo para probar a ver qué se siente.

cuando despertó no sabía si era de madrugada o estaba atardeciendo, pero de todas maneras decidió empezar a caminar y darse cuenta de qué momento era más tarde. cuando se dio cuenta qué momento era estaba ya bastante cerca de la frescura de un par de palmeras, así que siguió caminando aunque sin saber que iba hacia las palmeras pero obviamente con la decisión del encuentro ya tomada. sumergió su cabeza en el agua del oasis y casi se ahoga porque una vez adentro la cabeza ya no quiso quitarla pero un movimiento involuntario lo llevó a estar tirado al costado del agua tosiendo el agua que había entrado en sus pulmones. después de un rato de recuperarse se fue arrastrando hasta bien abajo de una palmera, agarró un par de frutitos que habían caído y los devoró con una avidez que a él mismo sorprendió; luego prendió su anteúltimo cigarro con su último fósforo, sabiendo que era el último que fumaría en su vida.

una vez hubo llegado a su casa, se contentó con charlar con las gentes con las que habitaba acerca de las cosas que tendría que haber hecho y que no hizo aunque dijo haberlas hecho. a pesar de la inanición la cena fue frugal como siempre y cada cual finalizó su día tal cual había empezado y con la (des)esperanza de que empezara de la misma manera.

se miró al espejo; el ataque comenzó desde lo profundo subió rápido rápido y fue a los brazos que se la agarraron con la cara y los ojos, porque los dedos comenzaron a rasgar las mejillas y se metieron en los ojos al mismo tiempo que el grito más aterrador salía con el costado de su garganta y se rompía la frente contra el espejo que acababa de reflejar su cara. pero sus lágrimas y sus hipos no eran ni por el espejo ni por la sangre ni por ni por, el único lugar que podía curar ese dolor era la punta de un revólver o el nudo de una soga o el aire de un balcón.

lunes, 10 de agosto de 2009

Más refritos

Escrito el 3/10/2003 a la noche, tarde. Podría ser un primer o segundo capítulo de algo que alguna vez podría tener terminado... por ahora no sale del 'podría'.


Estiro mi mano y veo dedos, veo que se estiran delante de mis ojos.
Si levanto la vista de ella, que veo? Veo un espacio vacío, veo un cuarto sin cosas, veo las cosas en mi imaginación, sólo en mi imaginación. Un agujero, un hueco inmundo y hediondo.
Es un sueño. Es el color de los sueños, es el silencio de lo muerto.
Alguna vez existió el anhelo de vida. Alguna vez supe lo que era estar vivo. Alguna vez, alguna vez.
Me falta el aire, ahora. Amo, pero no. Sigo hilos inconexos. Sigo hilos que se cortan sin que sepa dónde ni en qué puto momento.
A veces huelo aire. A veces siento esa frescura. A veces veo reflejos, sólo a veces. Pero no los entiendo, no me entienden, y se desentienden. Y temen, por algún motivo que desconozco temen, me temen, me huyen. Y entonces corro detrás suyo, pero ellos tienen piernas más largas y escapan de mis garras, de mi vacío, de mi ansia de reflejo.
Y entonces me quedo con los maniquíes, me quedo con espejos de colores pálidos y ausentes. Me conformo con ellos, pensando (creyendo) que son reflejos veros, reflejos divinos como los que el aire limpio que penetra mi nariz busca, desea, anhela.
¿ansia? ¿deseo de vida ausente?
¿qué es real? Por qué no puedo concretar mi realidad?
Son los pensamientos de un vagante, un fugitivo.
Desterrado, no pertenece a ninguna parte, no a nadie. Todos lo desean (el alguna parte, no a él), todos lo buscan, todos se aferran a sus chops de madera flotante para no hundirse. Yo también quiero hacerlo, pero veo los trozos de madera y no les creo. No busco no hundirme, busco volar, y un trozo de madera no sirve para eso.
¿por qué esos entes me calan tan hondo, sin que pueda hacerles lo mismo? Yo no soy un ser real, no pretendo realidad. Pretendo ser un ser fantástico. Pretendo tener alas, pretendo que esto no es, sino que es una ficción. Pero no puedo salir del espacio plano solo, no de esta manera. No tengo herramientas, soy un pobre inútil sin manos y sin medios. Pero puedo construirlos, puedo ayudarme, puedo dar mis manos. Tengo mis manos, pero no para mí, para otros. Yo no puedo usarlas, las puedo prestar a otros, y de esa manera pueda usarlas.
Levantó la cabeza de la taza y el humo caliente. Todo volvió a tener forma de lo que solía ser. Levantó su cuerpo dolorido de la silla y caminó por el cuarto, con otras gentes y otros humos. Y tiró monedas por el piso, para que otros levanten, no con desdén sino con desaprensión. Salió y el vaho frío le hundió los dientes en las mejillas. No importa, no importa. Lo importante no se va con el aire frío de una mañana, se va por los otros, se va por tu tiempo perdido. Se va por tus deseos de otros, se va en la mano del dedo que te apunta en la nuca. Y es etéreo, no sé qué es. No lo puedo reconocer cuando no lo tengo, no puedo hablar de ello cuando no estoy en sus brazos, y cuando estoy no tiene sentido perder el tiempo tratando de explicarlo pues es inexplicable. Y explicarlo lo aleja. No puedo pretender determinar lo indeterminable. No es caos, no es azar. Es causal, pero no. No es resultado de una opción binaria. Escapa. Es risible, cuando no lo ves. Pero es una fantasía, una utopía, una anhelo ridículo, cuando no lo poseo. Entonces, dio un primer paso. Hacia algún lado, izquierda, derecha, por ahí no tenía demasiada importancia. Son pasos lentos, el tiempo tiene otro sentido ahora. No estoy drogado, pero es como si como. Y escribo su estado porque es el que quiero, el que pretende mi mente, el que pretende mi alma, el estado de todo sin importancia. Su saco raído. Los bolsillos son como de pana, raspa y no abriga un carajo. Hay un paquete de cigarros viejo, pido fuego. Como enfrento a esos otros? Me entienden? Los entiendo? Me necesitan? Los necesito? Eso último, creo que sí, pero no sé de qué manera. Qué puedo dar? Qué doy? Si lo único que define mi ser y que me creo capaz de dar es ésto, qué es lo que estoy dando? Estoy mintiendo, acaso? Miento porque los necesito, porque los necesito porque temo a la soledad y a la muerte? Entonces por eso soy bueno? Yo no soy nada, soy ese tipo perdido que camina con un saco viejo y raído perdido por una calle de una ciudad podrida. No soy un monstruo como los que veo a través de mis ojos de viejo. No soy uno de esos que necesita hacer algo para ser alguien, pero me contagian tanto que a veces creo que no soy ese viejo y que soy uno de esos jóvenes que hacen cosas. Yo no necesito hacer cosas, me basto por mí mismo. Pero alguien me grita adentro que tenés que hacer muchas cosas para ser alguien. Y si lo único que me define es indefinible? Si no puedo definirme lo que me define, más que en ciertas circunstancias en las que tratar de hacer el esfuerzo de hacerlo es perder el tiempo, carece de sentido y de hecho aleja la circunstancia? Cómo hago para asociar lo que soy con lo que debo ser? Cómo hago para ser un viejo vagabundo, sin nada para hacer, y poder hacerlo en paz? No quiero hacer nada bien, ése es el pensamiento liberador. No quiero ni expresarme bien, no quiero tener que hacerlo bien. Quiero convivir con mi saco raído.
Caminaba, entonces. Pero por dónde, ni puta idea. Frío y sol, mis días favoritos. Frío, porque te despeja pero te mete para adentro. Pero el sol, da vida, entonces te saca. Y el aire entra mejor en los pulmones cuando está más frío.
Caminando, llegó a un lugar con agua. Como una playa, pero no una playa. Una calle y todos sus edificios que se acaban de repente frente al agua, pero en la distancia. No me acerco, no puedo acercarme al agua. Igual puede ver por encima, y qué ve? El horizonte, el vacío.
Corre, entonces. Pierde un poco su compostura y corre, sin interés en sus ropas, su cuerpo o los ojos de los entes que ven a un pobre pordiosero correr como un desesperado porque está perdiendo su tiempo, que ya perdió de todas maneras. Corre hacia el horizonte pero no llega, el vagabundo. Pero en realidad no corre hacia el horizonte, no sabe hacia dónde corre. Corre hacia una habitación que vio alguna vez, en la que había una nena llorando en un rincón, que veía los colores de los aromas que amaba, pero que lloraba porque estaba sola en la habitación y se refugiaba en ella, porque estaba cerrada y con una ventana sólo hacia el cielo. Corrió él, llegó a la habitación implantada en medio de la calle, vio la ventana y sintió los colores y el llanto, y golpeó las paredes infranqueables, golpeó entre llantos y se desgarró los dedos hasta ver sus propios huesos tratando de romper los ladrillos, rompió pero siente cómo la habitación sube, cómo se aleja. La pared sigue allí, pero la habitación sube, como si repentinamente el cuarto se transformase en un edificio y arriba de todo la habitación que llega al cielo pero no lo lleva, y se lleva a la nena y la aleja de él, indefectiblemente la aleja, se desentiende (obvio, es una habitación) y la aleja de él, probablemente para siempre.
Se va, entonces. Y ve que hay otras habitaciones, otros edificios, aunque ahora no los puede reconocer, no sabe qué edificios son qué edificios, no sabe qué es una habitación, no sabe nada. No sabe, y ve fantasmas, y teme a los fantasmas. Se vuelve fantasma, se sabe fantasma, y se teme. Vuelve a su café, vuelve a su reducto, vuelve a su nada, a su lugar donde hay entes pero no hay nadie. Vuelve al silencio de la ausencia, vuelve a poner caras y caretas, vuelve a no entender nada de nada, vuelve a un mundo que desconoce, vuelve a un mundo que no es el suyo. Vuelve a tratar de tener que querer hacer que no es el vagabundo que es, y lucha por su vida.
De repente hay un bosque, y ya no es el vagabundo. Es algo, o alguien, y está perdido en el bosque, pero estar perdido no implica estar perdido. No está perdido en el bosque, en el bosque no se está perdido, en el bosque no se está perdido porque no hay direxión, no hay dónde ir, no hay que ir a ningún otro árbol, y no hay tiempo, el tiempo no existe, entonces no hay por qué estar perdido. No sé, yo, quien escribe, qué es el bosque, no lo conozco, quizás lo anhelo. Pero volvamos a nuestro protagonista, que sobre él es el relato, y no sobre mí. Hay hojas, sobre los árboles y sobre el piso. No hay entes, hay verde y sólo verde. Hay almas, también, en alguna parte, aunque ahora no las veo, las intuyo. Las intuye.


miércoles, 29 de julio de 2009

Amén

Una oración, para rezar buenos deseos por la noche a quien cada uno considere apropiado.
Girondo, un amigazo.


Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.

lunes, 27 de julio de 2009

Cita: José Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas.

Todas las cosas de que habla la ciencia, sea ella la que quiera, son abstractas, y las cosas abstractas son siempre claras. De suerte que la claridad de la ciencia no está tanto en la cabeza de los que la hacen como en las cosas de que hablan. Lo esencialmente confuso, intrincado, es la realidad vital concreta, que es siempre única. El que sea capaz de orientarse con precisión en ella; el que vislumbre bajo el caos que presenta toda situación vital la anatomía secreta del instante, en suma, el que no se pierda en la vida, ése es de verdad una cabeza clara. Observad a los que os rodean y veréis cómo avanzan perdidos por su vida; van como sonámbulos dentro de su buena o mala suerte, sin tener la más ligera sospecha de lo que les pasa. Los oiréis hablar en fórmulas taxativas sobre sí mismos y sobre su Contorno, lo cual indicaría que poseen ideas sobre todo ello. Pero si analizáis someramente esas ideas, notaréis que no reflejan mucho ni poco la realidad a que parecen referirse, y si ahondáis más en el análisis, hallaréis que ni siquiera pretenden ajustarse a tal realidad. Todo lo contrario: el individuo trata con ellas de interceptar su propia visión de lo real, de su vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus "ideas" no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad.

El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas "ideas" fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ellas es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad — a saber, que vivir es sentirse perdido — el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a qué agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Estas son las únicas ideas verdaderas: las ideas de los náufragos. Lo demás es retórica, postura, íntima farsa. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad.

(Gracias a Mónica por haberme presentado este retazo hace tantos años...)

domingo, 26 de julio de 2009

Amo dejarme llevar por la belleza, por la percepción de la finitud de las cosas, cuando consigo captarlas en su momento preciso.

Amo reflexionar sobre lo bello, sobre la parte de la existencia, del ser, que le da felicidad a mi alma. Cuando me encuentro solo mis reflexiones se van a lo oscuro, a intentar dilucidar por qué el existir me lleva a sufrir. Y no deseo eso, deseo reflexionar y percibir poesía en la vida, la fragancia de una flor cuando la primavera comienza, la belleza de una melodía, de un color. Sólo puedo sentir la existencia de esa manera si siento que no estoy solo, que… estar vivo es, en sí mismo, vida, y que vida es ser con otros, y en otros…

Entendés ahora por qué me cuesta tanto concebirme solo, aceptar que no hay nada ni nadie más allá de esto que, aquí y ahora, percibo, y sólo a través de mí mismo, sin trascender de ello? Entendés por qué no me resigno, por qué, sin declararlo, evidentemente creo que hay algo más allá, que lo imponderable, lo irracional, no necesariamente carece de existencia?

Entendés por qué necesito a mis Iguales, a mis Espejos? Porque a través de ellos le devuelvo al Universo parte de su sustancia, contribuyo al ser, a la luz que ilumina y espanta el vacío...

Veo, capto, percibo, incorporo...

Dónde están todos mis pensamientos profundos? Andan dispersos en caminos que no son los propios, que no son los míos. Andan distraídos, confundidos.
Qué es esto de la percepción...? Cómo es el chiste de que de repente veo dos ventanas, luego miro de nuevo y hay tres...? Sé que mi mente completa la información faltante para que lo que recibe sea coherente, se inscriba en un marco en el que mi raciocinio le dé cabida, donde las cosas sean relativamente comprensibles, donde no varíen arbitrariamente. Donde las... fantasías, o realidades, que percibíamos con mi hermano cuando chicos ya no tengan cabida por no formar parte del mundo adulto real. Pero por qué a veces todavía falla y veo dos ventanas en lugar de tres?? Es acaso para que la pregunta no muera, para que termine de asumir que la visión de ciertas cosas que tenía cuando era chico era más fiel a lo que está del otro lado, que ésta que me supe construir como intento de adulto?
Insisto en preguntarme cotidianamente qué es lo real, y qué sentido tiene la necesidad de construcción de un marco inamovible en el que todo lo que me rodea ocupe su justo lugar. Cuán... adecuado, o posible, es eso, cuando tengo conciencia plena del hecho de que en un plumazo las cosas están, son, y luego al siguiente dejan de. Pero si no hay afán de construcción bajo algún criterio, entonces el ser es simplemente un devenir no consciente, un dejar que las cosas sean, sin sentido, sin pretensión, sin razón de ser en sí mismas. Se es, punto, de la misma manera que es una roca, o una bocanada de aire. Qué me diferencia de ellas, entonces? Acaso es mi capacidad de accionar sobre la realidad lo que me da sustancia, lo que me da ser? Qué papel cumple la conciencia? Su rol se limita, también, exclusivamente a ser y a no incidir en la realidad, no más que como lo hace una roca? Mi cultura discrepa con ese punto de vista y mi intuición se rebela, no termino de aceptar ni racional ni irracionalmente que entre una roca y yo no hay diferencia sustancia, y sin embargo esa misma visión cultural resulta insatisfactoria, en tanto se espera algo que nunca se obtiene, a saber, esa capacidad de prever ciertas cosas que casi por definición son impredecibles. Qué o quién soy, y cuál es mi papel en toda esta conjura? Ninguna de estas preguntas se puede responder aquí, ahora. A lo mejor sólo se pueden responder cuando no es necesario responderlas, pero entonces ya no tienen sentido como preguntas... luego, caigo otra vez en eso de que aquí simplemente... se deviene, y no hay idea a priori que fundamente ninguna construcción. Sin embargo algo en mí se rebela contra tal conclusión, siento la necesidad de construir, de crear. De confiar...

Correlación entre magia y ciencia

Se me ocurrió pensar en esto de hasta dónde se pregunta uno cuando hace ciencia. Cuáles son las hipótesis que se adoptan a partir de las cuales se estructura el saber. La constante de gravitación universal, la constante de Planck, el principio de mínima acción, el de incerteza, y así.
Qué es lo que uno entiende por 'magia' en el contexto en el que se puede hacer esa pregunta? Bueno, yo creo que en mi caso en particular implica la suposición de una disciplina que abarca un saber profundo, arcano, antiguo, cuyo objetivo último es la comprensión de la realidad y que, en el camino de alcanzar ese objetivo último, obtiene otros saberes menores que permiten a quien ejerce ese saber manipular la realidad a su (relativo) antojo. Por supuesto, hay principios que son inquebrantables pues sino todo mago de leyenda sería todopoderoso, pero en término generales se me ocurre pensar que la descripción es válida. Ahora, yo me pregunto, qué diferencia esa descripción de una descripción de la pretensión de conocimiento que tenemos en esta realidad? Quizás hay detalles epistemológicos, cognitivos, que claramente se me escapan, pero se me ocurre pensar que esa descripción tranquilamente podría aplicarse a la ciencia. Y es gracioso pensar en que las limitaciones al conocimiento que tiene la ciencia tranquilamente podrían aplicarse a la magia, así como su eventual falibilidad (en general un mago legendario falla mucho menos que un científico que hace una predicción).
Una diferencia interesante que encuentro es que nosotros, para ejercer el conocimiento, necesitamos desarrollar tecnología, y esa tecnología en general está asociada con el desarrollo de herramientas a partir de las cuales manipular o acceder a partes de la realidad previamente vedadas (una radiografía, un pesticida, un cohete, etc). Los magos, en cambio, aplican el saber directamente sobre ellos mismos para accionar sobre la realidad; a lo sumo suelen tener algún elemento mínimo sobre el cual concentrar su 'poder', pero en la práctica la aplicación de su saber sobre la realidad es a través de ellos mismos: nadie vio que Gandalf se construyese un cañón para espantar lobos espectrales, simplemente largó fuego desde su vara...
Otra diferencia que observo es que el 'sabio' presente está inmerso en su medio en tanto existe una estructura de poder que sustenta su saber. Como el saber que obtiene no incide sobre la realidad (directamente, esta afirmación se puede discutir) si no es a través de la creación de tecnología, necesita alguien a quien le interese la creación de tal tecnología como instrumento para detentar algún tipo de poder. Si a nadie le interesa, entonces nadie financia su conocimiento, su creación: de alguna manera el 'sabio' necesita de quien lo necesita a él tanto como se lo necesita recíprocamente. El mago, en cambio, en tanto puede utilizar su saber directamente para accionar sobre la realidad, no necesita ni de nada ni de nadie que le dé los medios como para poder adquirir su conocimiento: él se vuelve, no sólo a través de su saber sino también a través de esa capacidad para incidir sobre la realidad directamente, en una entidad con un poder en principio mucho mayor que la de cualquier otro, que no posea su saber. Ahí es donde, en las historias fantásticas, se me escapa un poco el por qué alguien así habría de no ser más que lo que la historia le pide: claramente, se pueden utilizar otro tipo de argumentos, holísticos, metafísicos, religiosos, etc, que contengan esa capacidad potencial. Pero está claro que si se pudiese encontrar una manera de limitar ese poder de una manera más 'realista' y sin necesidad de recurrir a terceras hipótesis podría encontrar (yo, al menos) otra manera de validar, en el contexto en el que la 'magia' existe, su consistencia.
Quizás una historia interesante sería la de alguien que empieza a vivenciar ese poder, y que repentinamente se encuentra con la posibilidad de volverse algo muy próximo a una entidad todopoderosa. Cuál sería la problemática que se podría plantear? Elegiría detenerse? Por qué, y por qué no? Cuál sería el objetivo, en tal búsqueda? En todo caso, esa adquisición de conocimiento y poder, le permitiría responder la pregunta inicial, la que motivó su búsqueda? En principio me permito suponer que no, por cuestiones relativamente obvias, pero bueno, ya se verá cuando le dedique más tiempo...

Todo esto es súper discutible y no es más que un borrador de idea, pero quería tenerla anotada en alguna parte para no olvidarla. Si alguien quiere hacer alguna crítica o comentario, mucho más que bienvenido...

Para qué

Tuve la responsabilidad de rescatar a un hermano.
Tuve que responder esa pregunta: para qué.
Para qué me levanto, hoy.
Para qué voy a la panadería.
Para qué creo, para qué trabajo.
Supongamos que me vuelva la persona más exitosa del planeta. Ok, para qué?
Vos, que hace años que venís lidiando con la puta preguntita. Para qué?
Supongo que un refugio en razones racionales relativamente bien elaboradas aleja lo irrespondible de la pregunta. Un recurso al misticismo, a la irracionalidad calmante, también. Pero en última instancia, la preguntita sigue ahí, y ni él ni yo vamos a saber cómo responderla.
Supongo, como dije, que la única razón por la que vale la pena no renunciar es para seguir teniendo oportunidades de responderla. Tal vez aprender a vivenciar esa aparente paradoja sea la única razón, la única causa de la existencia consciente.
Uno puede, siempre (o casi siempre, bah) elegir ser un durmiente, un muerto vivo más. Si total está lleno el mundo, qué le hace una mancha más al tigre. Pero por un lado, una vez que abriste los ojos se complica cerrarlos... y por otro lado, terquedad básica: a mí no me vas a ganar, vida puta. No te voy a entregar tu sentido, y si me ganás voy a morir de pie, batallando, con los ojos bien abiertos, mirándote a la cara cuando te decidas a llevarte mi último hálito vital. No me vas a hacer un cobarde, no te tengo miedo: con los dientes apretados y mi puño de piedra que me defiende daré batalla. No hay discursos ligeros que valgan, no hay disimulo posible: esto es exclusivamente entre vos y yo, y no me vas a ganar. Te lo voy a gritar en la cara, te voy a sacar el sentido aunque no quieras, aunque te resistas hasta el último estertor y te valgas de todos tus recursos, incluso los más bajos, para adormecer mis sentidos y volver estéril mi alma. No te voy a permitir que uses a tus esbirros para engañarme y, de esa manera, dejar de creer. No te la vas a llevar así nomás.
Supongo que la firme convicción que da la terquedad puede levantar a los muertos... o puede ayudar a inventar razones para argumentos en cualquier otra circunstancia indefendibles. Pero por ahora, mi argumento se mantiene firme.

lunes, 8 de junio de 2009

Acerca de la Traición, Edipo y Kundera

Quiero reflexionar en torno al concepto de traición, en particular al de traición de principios, de compromisos emocionales, no racionales, a la necesidad de construir un discurso, una moral en torno a la cual la traición deja de ser tal y se transforma en contingencia, en simple circunstancia contenida por un devenir inevitable. Edipo en la nota de Tomás: la responsabilidad de los propios actos, el reconocimiento de la culpa a pesar del accionar negligente, el causar daño en otro u otros y argumentar que no había escapatoria, que no es que se fue cobarde sino que no se pudo actuar de otra manera porque los sentimientos, o la política, o la sociedad o la circunstancia. El peor enemigo del espíritu libre, sensible, es el traidor, aquél que actúa únicamente partiendo de la entidad puntual (yo, aquí, ahora), olvidando que el universo es interactuante, que se conforma por definiciones extensas (nosotros, aquí y allá, ayer y mañana). Cómo se le da entidad al que traiciona sus principios, al que traiciona su palabra, su persona? Cómo se entiende a quien logra seguir viviendo a pesar de haber decidido renunciar a probablemente lo único que lo hace digno, su palabra, su coherencia entre palabra y acto? Que moral maldita es la que, en la concepción de tales individuos, logra permitirles que trasciendan una escisión tan evidente? Claramente, a través de nuevos discursos en los cuales el mal actuar no sea tal cosa sino que adquiera plena significación, recurriendo en general a la salvación individual...
Pero más importante, como es que *nosotros* dejamos que determinadas personas, vestidas en galas angelicales, intelectuales, emocionales, sensibles, logren vulnerar las defensas para, una vez habiendo entrado como Aquiles y su puto caballo, destruir Troya desde adentro, logrando que no quede absolutamente nada en pie, ni siquiera la fe en el amor, en la amistad, en que existe algo bueno en este puto mundo? Como podemos seguir creyendo en que existe algo bueno si fue justamente un ángel inmaculado quien decidió clavar la daga justo a la altura del corazón, por la espalda pero al mismo tiempo mirándonos a los ojos, dejándonos ver que son tan buenos, y tan miserables, y tan cobardes y tan terribles como nunca hubiésemos podido concebir? Como se reconstruye la bondad, la fe... la fe en todo lo que da sentido a la existencia, si esos que te permitían fundamentarla fueron quienes en definitiva te la destruyeron...? Nada, supongo que entonces no queda nada, y no queda más alternativa que aceptar que las únicas soluciones válidas son las de compromiso, las que te permiten sobrellevar el dáa, aceptar que las cosas fluyen y no hay nada después de ellas, que el sentido se acaba allí mismo, en el punto, que no sólo no tiene sentido confiar sino que incluso es contraproducente... que las cosas existen únicamente mientras duran y no hay proyección posible, que la traición está a la vuelta de la esquina y quien hoy es tu amigo o te declara amor incondicional mañana te puede estar traicionando en tu negocio, acostándose con tu mujer o diciéndote que se le pasó el amor, que quiere ser un 'espíritu libre'... esta gente terrible pone en jaque cualquier fundamento para la construcción, y me sigo preguntando en virtud de qué se valida tamaña destrucción, tamaña incapacidad de soportar la bondad, el credo, el vinculo, la inocencia, el amor, la inmanencia. Prefiero seguir siendo inocente, ingenuo. Prefiero creer que lo que hacemos en vida repercute en la eternidad, que todas nuestras traiciones algún día nos pasarán la cuenta, y que lo que nos dignifica es la capacidad de vincularnos, que nuestra libertad se juega también en la dignidad que exhibimos cuando elegimos jugarnos por una causa, por una persona, por un amor. Descreo de quienes oscilan como veletas, por más que es el paradigma de la época, descreo y desprecio a quienes se montan a una reputación, un cargo o un delirio de grandeza insufrible, a quienes declaman amar y poder entregarse libremente para luego salir corriendo pues son incapaces de asumir su libertad como capacidad de compromiso. Me siento digno, feliz y honrado de saber hacerme cargo de mis emociones, de mis decisiones, de mis compromisos, de mi amor. Siento que tengo algo personal con todos aquellos que no sólo son cobardes y dicen no serlo, sino que además se arman un discurso en el cual son buenos y poseen justas razones para actuar como hacen, que carecen de la capacidad de hacerse responsables de sus actos, del daño que hacen a sus semejantes cuando actúan como criaturas inconscientes, como egos sobredimensionados y al mismo tiempo insoportablemente dolientes.
A través de estos seres me manifiestan criaturas de pesadillas ancestrales, que buscan justificar su accionar con palabras dulces: esbirros del Sin Nombre, lamias, íncubos y súcubos, demonios miserables, fétidos y corruptos que pervierten el sentido de la existencia.
En otro momento escribiré más sobre Edipo y la incapacidad de declararse negligente, que la negligencia no es excusa como para negar la culpabilidad. Esa reflexión, hecha claramente antes de haber leído el libro de Kundera al que hago referencia, es la que me llevó a mí mismo en su momento a penar mis (pequeñas? grandes?) traiciones, a no desaparecer de la vida de mi hija, a hacerme cargo de que mi negligencia no me liberaba de mi responsabilidad y estaba llamado a responder a ella. Esto nos diferencia a nosotros de a ellos: ellos se van, nosotros nos quedamos y nos hacemos responsables de nuestros actos, de nuestra palabra empeñada, y si no podemos entonces no buscamos un discursete barato que permita hacernos sentir buenos y que actuamos con justa causa: no, me hago cargo: fui un flor de hijo de puta, y con esa incapacidad de ser completamente bueno cargaré toda mi vida, por más que me duela, por más que sea insoportable el saber que se es tan capaz de dañar como cualquier otro. Soy miserable, bajo, humano, y mis errores definen buena parte de mi existencia: parte de esos errores son los dolores que, a sabiendas o por error, supe causar a alguno de mis hermanos, alguna de esos otros seres que han compartido tiempo de conciencia conmigo.
Trato de bancármela, trato de no ser cobarde, y el no salir corriendo es algo que muchas veces se pena, día a día, pero a veces en el discurso se encuentra un aliciente: insisto, el saber que se es digno, que no se buscaron razones (sabe Dios que nos sobran, siempre) para excusar un comportamiento miserable. Y sí, a veces se duda, a veces se maldice, pero la condición humana implica finitud, y quien pretende ser omnipotente, quien cree gozar de un exceso de poder, quien cree que puede conocerlo todo, tarde o temprano se encontrará a los pies de su tumba penando por nunca haber podido plantar los pies en algo, siquiera en sí mismo, y muere más solo que en el medio del desierto...

martes, 6 de noviembre de 2007

5

Acerca de la mecánica cuántica, la continuidad del espacio y el tiempo como válvula de escape para (in)determinados gatos.

Groso. Sinceramente, no por hacerme el socrático, pero cada vez que intento ponerme a pensar seriamente en algo remotamente relacionado con la física me doy cuenta de que sé menos que un pollo. Ah! Quizás si usase este espacio (y absolutamente ningún tipo de vínculo, ni holónomo ni de los otros, me impediría hacerlo en principio) para explicarme determinados Objetos de Conocimiento, podría terminar comprendiéndolos. Whatever the case, el gato se muere o no...? Diríamos que ningunambos, cierto? Y que cuando lo mido (con regla-ojo) lo colapso (pobrecito, como estampilla...), lo aprieto contra la pared hasta que se decide: vivo, o muerto. Pobre gato.
Y si de repente su cola se enroscase en un Lorentz-like-style? Ahí nos atacamos con el folding de los manifolds, Arnold metiendo su lengua por todos lados, Poincaré haciéndose el zonzo y perdimos la brújula, forever.
Calvino, again. El tipo ese evidentemente me ganó de mano. En vez de Cosmicómicas, Cuantitrósticas. Infamias caóticas en torno a la indeterminación del color verde. And so.

4

Cierta charla casualmente poco casual me trasladó a un instante puntual de mi vida en el que alguien me había hecho descubrir a Girondo. Lo desempolvo ahora, y su relectura no me traslada únicamente a las pasiones profundas que tengo adheridas a su lectura sino también a momentos únicos que, vistos en perspectiva, no hacían más que buscar reforzar el sentimiento de náusea terrible que me provocaba la lectura. Recuerdo estar yendo en un tren repleto a las siete de la mañana, a trabajar en el subsuelo del Correo Central enfrentando una máquina-demonio ruidosa, calorífica, perversa, que le ponía sellitos a interminables cajas de cartas, por horas y horas, mientras veía que esas mismas horas se iban para no volver nunca, para perderlas una por una como granos de arena en mis manos, como esas putas y olvidables cartas que debía hacer deslizar por mis manos... y salía de allí, agotado, transpirado y oliendo a papel alcalino para ir a parar a alguno de los antros de Ciudad, a empaparme de la intelectualidad con la que deseaba codearme pero a la que sentía no tenía acceso por derecho natural. Y sin embargo esos dolores en el alma, esa sensación de estar en cualquier lado menos en el correcto, daban una pauta de que quizás no estaba equivocado, que quizás tenía algo que hacer allí.
Recuerdo -como si estuviese ocurriendo ahora- ese momento de viaje en tren. Casi llegando a Retiro, habiendo logrado sentarme, mirando por la ventana de principios de noviembre (aniversario, mirá vos...) el entrecruzamiento de las vías mientras intentaba tragar las lágrimas, el grito y las ganas de tirarme por la ventana y ser un durmiente más, en ambos sentidos. Recuerdo patente la sensación de ahogo, de falta de aire, esa angustia insoportable, indescriptible, irreprimible. Y en medio de eso encontraba el consuelo en la lectura de lo que a mis ojos se les antojaba como un alma gemela, un alma que había sufrido el mismo tormento, o uno parecido.

EJECUTORIA DEL MIASMA


Este clima de asfixia que impregna los pulmones
de una anhelante angustia de pez recién pescado.
Este hedor adhesivo y errabundo,
que intoxica la vida
y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo.
Este miasma corrupto,
que insufla en nuestros poros
apetencias de pulpo,
deseos de vinchuca,
no surge,

ni ha surgido
de estos conglomerados de sucia hemoglobina,
cal viva,
soda cáustica,
hidrógeno,
pis úrico,
que infectan los colchones,
los techos,
las veredas,
con sus almas cariadas,
con sus gestos leprosos.
Este olor homicida
rastrero,
ineludible,
brota de otras raíces,
arranca de otras fuentes.

A través de años muertos,
de atardeceres rancios,
de sepulcros gaseosos,
de cauces subterráneos,
se ha ido aglutinando con los jugos pestíferos,
los detritus hediondos,
las corrosivas vísceras,
las esquirlas podridas que dejaron el crimen,
la idiotez purulenta,
la iniquidad sin sexo,
el gangrenoso engaño;
hasta surgir al aire,
expandirse en el viento
y tornarse corpóreo;
para abrir las ventanas,
penetrar en los cuartos,
tomarnos del cogote,
empujarnos al asco,
mientras grita su inquina,
su aversión,
su desprecio,
por todo lo que allana la actitud de las horas,
por todo lo que alivia la angustia de los días.


Más terrible aún que tener el tiempo para pensar en todo lo que no podés hacer con el poco tiempo que te fue dado es, además, ser consciente de ello y no poder ocupar ese mismo tiempo para siquiera pensar en la miseria de la existencia pues se debe usar ese tiempo para otras cosas, como trabajar de máquina o similar.
Nunca logré comprender cómo es que no hay un estado de rebeldía existencial general. Supongo que la presión de la certeza de este tipo de inquietudes es lo suficientemente grande como para que poca gente pueda tolerarla por mucho tiempo sin la necesidad de ir a ver la tele. O sin buscarse un trabajito que no la haga pensar. Estar en medio de la tormenta sin nada a qué aferrarse es complejo; alguno diría hasta suicida. Siempre fantaseé con que la única manera de exacerbar la percepción de la realidad es aprender a caminar por el borde del precipicio: al fin y al cabo, lo sencillo, lo previsible, lo cómodo, aburre. Si las cosas son infinitamente repetitivas no hay forma de que terminen siendo un estímulo.

A veces me pregunto cómo conviven estas, digamos... inquietudes, más otras menos corrosivas, con el hecho de que mi tiempo (único, irrepetible, finito, efímero) debe ser intercambiado por metálico. Digo, el intercambio es tan evidentemente ridículo que no resiste el menor análisis; a veces fantaseo con la perspectiva de una conciencia fotosintética, que no requiera más que sol para vivir. Como sea, me pregunto. Y no lo entiendo del todo; de alguna manera cierta premura, cierta angustia desapareció, y puedo saber que no voy a poder hacer ni ser casi nada de lo que desearía, pero en virtud de esa aceptación logro disfrutar muchísimo más lo (extremadamente) poco y terriblemente pueril que logro concretar. Es más, por usar una imagen: el mirar de manera concienzuda una línea me permite comprenderla de una manera tal que, a través de ella, logro comprender todas las líneas y sus interacciones. Si mirase el conglomerado no podría comprenderlo, no podría visualizar el todo sin perderme, sin ahogarme. Supongo que esta lección me la dio mi hermano con su infinita paciencia.

Quizás no sería mala idea ponerle música adecuada a los poemas de Girondo. Habría que buscar la manera de hacerlo y sobrevivir a ello.

Maldita asociación libre...

lunes, 5 de noviembre de 2007

3

Más ideas sueltas, para retomar la escritura permanentemente inconclusa.
El otro día pensaba en el arcón de infinitos pequeños papelitos de Calvino, en el que ponía todas las pequeñas ideas que anotaba cada vez que viajaba, o tenía un minúsculo rapto de inspiración. Esto debería funcionar de la misma manera, sólo que ahora, como estamos cibernetizados...
Tendré alguna vez mi propia versión de Las Ciudades Invisibles...? No lo creo, pero como puse alguna vez... quizás tenga mis pueblos visibles.

Como sea, ideas. Determinadas conversaciones y agentes con cierta relevancia en mi vida en las últimas semanas han devolvido (ap) ciertas... inquietudes, ciertas preguntas no del todo apagadas a su lugar habitual. Ciertamente estas *xcosas* se conjugan a través de entidades ligeramente intrazables, como los callejones laberínticos de Parque Chas, la mirada rebelde de Capote y las anécdotas Juvenilianescas de un pasado de estudiante de ciencias aislado en un seminario del Opus. Sin obviar, por supuesto, la expansión de la naturaleza de PQ por sus alrededores Urquicescos, que transforma la avenida Monroe en una cinta de Möbius sin que medie aviso.
Es interesante cómo encuentro un hilo lógico, evidente en la interacción entre todas estas entidades; interesante cómo una sirena devenida primer motor (móvil, embriagante) decide, en profundidades insondables, aprovechar el advenimiento de cada segundo equinoccio para transformar la topología de mis días. Transito por territorios desconocidos, por más que conozco de memoria la sombra de mis pasos. Algo que desconozco elige arbitrariamente imponer ante mí determinadas presencias ineludibles que, cual si buscasen forzar la metáfora relativista, logran trastornar, deformar, atraer, modificar de manera irrevocable la topología de determinados atardeceres.

Otro elemento que aparece de manera recursiva es el tablero de ajedrez. Obvio, al lado se me apareció un pentagrama y, justito después, Kepler haciendo música con sus putos sólidos perfectos... Ya, ahí tengo elementos como para otro delirio más. El tema es encontrar quién es la excusa como para que esos elementos se desarrollen de la manera apropiada. Pero no hay problema, ya los encontraré.

Volviendo a PQ, la hipótesis de trabajo es que ese engendro barrial no está allí como mera consecuencia de lo casual; sus calles tienen un mensaje, pero nadie se dio cuenta todavía (o los que se dieron cuenta están six feet under). De todas maneras todavía no termino de decidirme si tiene sentido hacer una versión local del código Da Vinci / péndulo (ja, pretencioso...? naaaa...), o si sería mejor algo en joda. Obvio tienta más la primera, aunque no sé. Como sea, repentinamente resurgió el relato del aspirante a numerario que psicopatea denunciando pequeñas faltas en la soledad de una habitación en el retiro, al lado del asfixiante informe sobre ciegos: no puedo siquiera pensar en confabulaciones (menos publicarlas, Vive Dios) sin que alguno de los agentes lo sepa. Luego, no se lo piensa.
Pendientes para cerrar esto: tiempo! lecturas! conocimiento! aaaaaaaaaa!!!! como todas mis putas ideas, a la espera siempre de un estiletazo certero que decida su destino.

Lamentablemente cualquier finalización adolece del problema de serlo. No hay forma de cerrar un tanguete sin que el chan chan sea al mismo tiempo previsible y discordante con el resto. Como el inicio, bah; pasa que una vez que largaste ya estás en el baile y enseguida te lo olvidás. El final es inolvidable porque después no queda nada...

Pero a lo que iba

es a que nunca puedo cerrar las ideas. Quizás me termino enamorando de ellas, quizás lo que ocurre (y creo que es la razón principal) es que debe existir (en el sentido de 'it must exist') una razón para el fin, sino es simplemente un dejar de decir cosas porque se agotaron, o porque no tengo más ganas de decirlas, o porque es canónico que todo termine, incluso un relato. Quizás concibo un relato más como una ecuación, como una demostración, más que cualquier otra cosa: una demostración, por medio de una lógica no necesariamente racional (@all!), aristotélica o bla, de algo que no puedo concebir fuera de ella misma. Demostración de...? Ah, caray, qué buena pregunta. No creo que fabular acerca de delirios místicos o ficticios sea una manera de demostrar la existencia, pero creo que pinta más para el lado de lograr crear una metarealidad, que en definitiva es lo que termina haciendo uno como científico/pensador cada vez que decide intentar explicar un minúsculo aspecto de la realidad que percibe: cada vez que descubro o comprendo una idea que pretende explicar 'algo', me creo (en ambos sentidos, to create and to believe) un cuentito chino, más o menos tragable, acerca de cómo son las cosas. Ok, me creo algo que luce bello, cerrado y coherente. Los mismos atributos que busco para cualquier relato que intente cerrar. Y esta historia del relato vale no sólo para estos dos ítems que acabo de mencionar: vale también para mi delirio inacabable acerca del sentido de un trazo con el pincel, y valdría también para cualquier instancia creativa que pudiese ocurrírseme.

De todas maneras ha de haber una conclusión en un relato, y esa conclusión debería estar dada como consecuencia inevitable de cualquier (o sea todo) elemento previamente delineado. Supongo que lo que me hace ruido es el pensar en ese delineamiento apriorístico: dado que no sólo no conozco lo que quiero decir ni cuál es su lógica, es una contradicción de principios el pretender conocerla... por otro lado, siempre sentí que cuando puedo explicarme las cosas se tornan ligeramente triviales, y por lo tanto dejan de tener interés/comienzan a aburrirme. Entonces, para que un relato de cualquier tipo tenga el interés que deseo que tenga, debe contener claramente una importante componente que no me sea comprensible. Pero si no me es comprensible entonces no puedo establecer ni cuál es su lógica ni, obviamente, cómo se delinean los elementos que componen dicho relato. Es menester, entonces, contar con otro elemento de algún tipo que sea el que en definitiva termine teniendo la responsabilidad de estructurar el relato. Ese elemento, supongo, ha de tener algo que ver con la intuición, pero agregarla en este contexto es más o menos lo mismo que haber mencionado a Dios, o a decir la palabra hcqbibQAxaskln: un signo, cuyo contenido en realidad sólo viene a cumplir el rol de ser quien oculta un significado que me es esquivo.
Entonces lo único que hice fue correr la pregunta, crearme otro elemento conceptual para en definitiva no resolver nada. Palabras más, palabras menos, la misma pregunta que rompe los cuernos desde los quince... de dónde sale eso que no puedo explicar pero que, en definitiva, es quien está encargado de resolver lo que mi presencia consciente no puede ni desea? Eso, es parte de mí, está aquí en alguna parte, pero por motivos no del todo claros me resulta completamente inaccesible, al menos con esta mirada.

Amo la asociación libre.

sábado, 23 de junio de 2007

2

Esto fue un juego gracioso: nos pusimos con Ni la idea de 'escribir una historia sencilla'. La historia más sencilla que se me ocurrió fue la del príncipe que vence al monstruo y rescata a la princesa. Bueno, como eso solo no basta, estiré un poco la idea en dos versiones:

Historia 1: el caballero andante que sueña con su princesa platónica y va a buscarla adonde su sueño le indica. Cuando llega, dispuesto a enfrentarse con el dragón que la tiene prisionera, se encuentra directamente con su princesa, a la que declara su amor y ella a él (por ser quien viene a rescatarla). El caballero está aún desconfiado, pero cuando finalmente cae en el sortilegio de la princesa ésta lo muerde, lo envenena y se transforma en el gusano, en la serpiente, y mientras el veneno le hace efecto le declara que ella es al mismo tiempo el dragón y la princesa, que se alimenta de los incrédulos que, como él, se acercan a su guarida engañados por sus sueños perfectos dispuestos a rescatarla. En realidad ella también es víctima de un sortilegio del que no puede escapar, un sortilegio en el que es al mismo tiempo víctima y victimaria, es inocente pero al mismo tiempo la fuente de toda malicia.

Historia 2: relatada en primera persona, cuenta la historia de un peregrino que llega a un páramo en el que se dice habita una bestia innombrable que custodia un tesoro inconmensurable, la vida eterna, el amor eterno, la representación terrenal de lo deseable. Pero ese que cuenta la historia es, además del gusano, el último que osó creer en esa panacea y que fue en su busca, sólo para encontrarse con el iluso anterior que, tras contarle la historia de su larga desdicha, lo mordió para poder ser liberado del sortilegio (y la creencia ideal que lo sustenta) y poder volver a una realidad que ya no reconocerá como suya. Una alternativa es que este último iluso decida contarlo y no transferir la maldición por preferir vivir en un mundo ilusorio pero al mismo tiempo ideal, que volver a una realidad en la que cualquier fantasía demuestra ser falsa. En la primera, la serpiente es uroboros, la serpiente que se muerde la cola y representa la infinitud del círculo. En la segunda puede serlo también, pero a través de esta última víctima encuentra la medida de su finitud (ie, el círculo de víctimas inacabables se acaba) que se resignifica en otra (la infinitud de la víctima que habla y decide por propia voluntad ser la última, por preferir ese mundo ideal en el que alguna vez eligió creer).

1

Esto es algo que escribí el domingo 11 de febrero de 2007.
Al margen, una idea que pensé el otro día: cómo sería la construcción social de un conjunto de entes que pudiesen ejercitar la telepatía y la 'lectura mental'? Para un ridículo como yo, básicamente una sociedad utópica: imposible mentir en tales circunstancias, imposible ocultar. No se tienen más alternativas que ser honesto: no es como aquí, que ser honesto es una elección, eventualmente cultural y en lo profundo, opuesta a las pulsiones básicas de supervivencia. Enfin... para reflexionar con menos sueño; pero por lo prometedora que suena la idea, si fuese gobernante dedicaría buena parte de los recursos a intentar desarrollar una especie de 'técnica telepática'. Bah, en realidad, ahora que lo pienso si fuese gobernante me preocuparía por que nadie la desarrollase...


Domingo, 11 de febrero de 2007

Ideas para escribir

La idea es bastante sencilla: un mundo en el que la astrología funcionase de hecho. Alguien, hace mucho tiempo, se ocupó de realizar un conjunto de meticulosos experimentos para determinar las leyes que se encuentran detrás de la astrología. Esas leyes podrían demostrar variaciones cíclicas con períodos del orden de, por ejemplo, minutos, eventualmente alteradas por factores tales como la ascendencia y el ánimo de los padres en el momento de serlo.
En un tal mundo, cosas tales como el aborto y la cesárea carecerían directamente de sentido; no existiría un debate moral en torno a ellas porque lisa y llanamente no serían concebibles. Pensar esta parte un poco más.
El relato podría girar en torno a la persona (un antropólogo quizás) que encuentra los manuscritos originales de quien descubrió este fenómeno. Esto, ligado con la historia de distintos personajes que intentan, por distintos motivos, tener hijos en determinados momentos como para poder replicar determinadas características de personalidad. Hay unas cuantas cosas interesantes para jugar aquí, entre ellas: qué hará el antropólogo con su descubrimiento; la persona que creó todo esto lo pudo hacer en base a experimentar con generaciones de personas criadas a su antojo como para confirmar su teoría. Tendría que pensar un poco más en cómo sería la resultante social de aplicar esta idea a muchas generaciones sucesivas. Existirían tipos 'standard' de persona? Seríamos todos iguales? Nada cambiaría? Otra cosa para jugar: la historia personal de alguna familia que, por un motivo o por otro, decidiese que quieren un hijo que tuviese determinadas características.

El compromiso con una idea es un dogma, es dogmático? No lo creo. Se me ocurre pensar que un compromiso asumido de esa manera deja de serlo; al transformarse en dogma sacrifica su significado, se vuelve hueco y repetitivo, una mera fórmula para justificar eventuales actos. Un compromiso, una creencia real carece de dogmatismo; una búsqueda real implica en sí una búsqueda de significado y, por definición, esa búsqueda de significado es antitética al dogma. Encontrado el significado, o su materialización formal, la crítica permanente a su forma permite continuar reforzándolo. No creo en la igualdad de manera dogmática, cada vez que se presenta una crisis a tal hipótesis encuentro nuevos argumentos que, en definitiva, no logran más que un crecimiento, un fortalecimiento de la hipótesis. Si ante alguna prueba la hipótesis fallase, entonces no me quedarían más alternativas que cambiarla. Si algo me demuestra que la igualdad humana es falsa, que no amerita creer en ella, entonces deberé cambiar mis ideas de una manera acorde con ello. Creo que el asociar la idea del compromiso con un planteo dogmático es una excusa de aquél que sabe que no tiene capacidad como para asumir un tal compromiso; el tipo que cree que amar a alguien por toda la vida es dogmático quizás lo cree porque no tiene la capacidad de hacerlo; porque no está en su naturaleza. Y para poder estar tranquilo con esa ausencia, busca un marco general en el cual inscribir su propia naturaleza (el marco general es la afirmación genérica de que el compromiso implica dogmatismo). Supongo que la naturaleza individual lleva a la búsqueda, consciente o inconsciente, de aquéllo en lo cual el individuo se siente más 'cómodo', donde cómodo aquí refiere a cierta sensación de estar haciendo lo que corresponde, o lo que se tiene ganas, o lo que ese individuo siente como más correcto para sí mismo, o aquéllo a lo que 'se siente llamado'. Ésta, y no otra, debería ser la hipótesis sobre la que trabajar, pues ella refiere pura y exclusivamente al uno mismo, no teniendo alcance sobre el otro y, por lo tanto, liberándose del juicio moral. Aquí, aquél que afirma que el compromiso es dogma no se encontraría en la necesidad de una tal afirmación general: aquí es suficiente con reconocer que la creencia (creencia como afirmación de un compromiso con una idea, luego de haberla probado en numerosas oportunidades pero de manera tal que eso no implique voluntad de abandonarla ante una prueba que no pueda superar) no es algo para lo cual este individuo en particular haya sido llamado, sino que le resulta suficiente con asumir posturas volátiles. Es ésto lo que desea, lo que lo hace sentirse más 'él mismo', y como tal debe asumirse. Ocurre que reconocer esto podría ser asociado por 'el otro' con cierta personalidad poco... digamos, profunda, comprometida, u otros adjetivos cuya connotación positiva le diesen valor social o de algún tipo a esa persona.


Vuelvo a la idea de escribir.
La idea del fucking peregrino. Le encuentro algún significado ahora. Es un espíritu errante en esta realidad, pero pertenece a otra de la que no tiene memoria. Sólo su espíritu doliente la tiene, pero él no alcanza a comprenderlo.
En este plano es un mercenario, un delincuente, un malviviente, huyendo permanentemente de una ley que no comprende. Esto es medio berreta, después veo si le encuentro una idea mejor.
Más que delincuente podría ser un sujeto que no se adapta nunca a las reglas de vida. No trabaja, no tiene dinero, se emborracha, las minas no le dan bola... un loser, bah.
Pero en el otro plano es alguien a quien se está esperando. Probablemente su existencia terrena no sea más que un período de prueba, similar al del ciclo del héroe. Podría intercalar, aunque no sé si no se arruinaría, la idea de ese otro plano en el que los pasos de sus habitantes (las hadas) determinan los sentimientos de aquéllos que habitamos en este plano. Sus visitas podrían servirle al personaje como para orientarlo, darlo sentido, ayudarlo a encontrar algo de sí mismo en ese lugar en el que no se encuentra.
Cioran quizás me ayude a comprender el sinsentido de la existencia, al igual que hesse. Para poder expresar de manera comprensible la llegada al otro plano no me quedan más alternativas que lograr imbuirme y aprehender a dios, o la descripción de valinor de Tolkien. No los elfos, pues éstos son exiliados, desterrados y añoran permanentemente esa divinidad perdida (aunque parte de su sensibilidad y emocionalidad podría ser similar a la de mi personaje estando aquí, en ciertos momentos).
Buena parte de esta historia me recuerda a algo que escribí hace bastante, en donde el personaje estaba en bares mirando como ausente su pila de cuentas, jugando con los remolinos del café y del humo del cigarrillo. Amanece borracho en un agujero en una construcción, mira el amanecer en el puerto y más tarde revienta su cabeza contra el espejo de su baño, mientras en la pileta se mezclan sus lágrimas secas y la sangre de su cabeza.
Dada mi inexistente erudición, es altamente probable que repita ideas ya expresadas por otros anteriormente, no sólo en el tópico general sino aún también en el modo, y en el tópico particular. Una pregunta que me surge naturalmente es: ¿y? si el hecho de escribir tiene como única excusa el yo mismo, cuál es el problema de reescribir algo que ya está escrito, o que denote mi ausencia de conocimiento? No es el hecho de escribir, en sí mismo, un escalón en busca de ese conocimiento? Escribo para otros o para mí mismo? Si es sólo para mí, el hecho de hacerlo tiene en sí mismo sentido, independientemente de la erudición o su ausencia. Por otro lado, redescubrir algo ya descubierto tiene valor en sí mismo, no para otros sino para mí mismo. Recuerdo que, cuando comencé a estudiar, me planteaba como objetivo el redemostrar los teoremas y resultados vistos a lo largo de la carrera. Visto desde el aquí y ahora, ese planteo es no sólo irrisorio sino además soberbio e irrealizable (podría yo rehacer la historia de la ciencia, yo solito??). O sea: escribir libre de culpas, sin necesidad de dar cuenta de nada a nadie, casi diría que ni siquiera a mí mismo. Escribir, por qué? Supongo que por placer, por necesidad, por esa cosa de sentir que algo adentro llama a hacerlo. Por otro lado, esa forma de pensar o razonar que tiene la necesidad de recontar algo para recién ahí poder comprenderlo. Entonces, escribir como medio para comprender mi forma de comprender la realidad que me rodea y aquélla en la que vivo. Rebuscado? Puede ser, pero no puedo escaparle.
Escribir como forma de entender y de entenderme. Crear ficciones como paralelos a circunstancias demasiado complejas como para ser descriptas en su totalidad. La fantasía como un análogo del modelo matemático de la realidad: a través de él (de ella) simulo un aspecto mínimo de una realidad compleja y caótica, que de otro modo sería avasalladora. No puedo describir de manera completa nada, ni siquiera a mí mismo (más allá de no conocer la realidad o a mí mismo lo suficiente, utilizo las palabras, y ellas son el límite último de mi expresión; son el medio a través del cual pretendo describir o descubrir, y por lo tanto cualquier limitación que ellas tengan las heredará mi incompleta descripción de cualquier cosa).
Siento la necesidad de escribir, es cierto. Escribo horrible, es cierto. Cómo hago para que lo que pasa dentro de mi cabeza o mi alma, que no comprendo, pasen a estar escritos de una manera que sí comprenda, que sí tenga valor, qué sí sea bella? No depende del sustrato, eso es claro -lo poseo, no me cabe ninguna duda. Nunca renegué de sentimientos ni sueños, ni carezco de contacto con las partes que nutren una obra. Nunca creí en un potencial 'talento', por lo tanto tampoco nunca me preocupé por alimentarlo o tenerle fe, o construirlo a través de una creencia (es cierto que podría decirse que es la única manera en la cual algo se puede construir, a partir de la creencia? Entonces, aún aquél que reniega del compromiso cae en una contradicción lógica al afirmar no tenerlo?).
Es demasiado lo que hay para decir, esa es una buena conclusión. Suelo comenzar con una idea pequeña que comienza a crecer como una bola de nieve, que finalmente pretende dar cuenta de todo lo que hay y hubo. Me cuesta mucho limitarme a una idea pequeña sin intentar generalizar y abarcar. Esa pretensión, que como programa es muy prometedora, es al mismo tiempo creador y destructor, motor y ausencia, pues cada vez que se pretende hacer se tiene plena conciencia de la incapacidad de hacer, de abarcar, de describir de manera general. La incapacidad de acceder al todo, al absoluto quizás? Eso mismo limita la creación, demuestra su total inutilidad. No son más que aproximaciones a primer orden, completamente carentes de sentido. Sin embargo, tras esa demostración lógica de la inutilidad aparece otra lógica, la de la necesidad: a pesar de la plena conciencia de la inutilidad, sigo sintiendo la necesidad de hacerlo. Por qué? Por qué esa discrepancia, que sigue siendo tan destructiva? Pasan los años y ciertas preguntas siguen estando en el mismo lugar en el que se encontraban hace quince años (si bien, claro, formuladas de manera distinta).
Demasiado para decir, demasiado poco como para decirlo? No se encuentra la forma, entonces se calla? Cuál es la diferencia entre el silencio adquirido de esta manera, y el silencio por ausencia?
Yo careceré de grandes títulos. Seré silencioso. Cómo se diferencia ese silencio del silencio de aquél que lo posee porque no puede tener otra cosa? Pero por otro lado, tanto me preocupa que otros puedan diferenciar? Por qué me preocupa tanto? Qué necesito demostrarle, y a quién? Cuando logre responder de manera satisfactoria esta pregunta podré comenzar a escribir como debe hacerse: para nadie más que para mí mismo.
Hay ciertas insatisfacciones, ciertos 'debo'.
En realidad las cuestiones literarias de forma son completamente secundarias. Qué me importan las faltas de ortografía o gramaticales, qué me importa lo formal. Eso son cuestiones del hacer, que en definitiva podrían ponerse en un segundo plano (sé que no son prescindibles, obvio, pero sé que no son mi preocupación principal; pueden serlo si a través de ellas se logra expresar cosas que no podrían expresarse de otra manera).
Estos planteos no son nuevos. No son nuevos entre mis planteos, no son nuevos para una persona que se piensa escribiendo. Sin embargo los creo pasos necesarios. Aquí no hay nada enseñable más que a través de un transitar. Nadie me puede decir que la forma y el contenido bla. La única manera de saberlo es sabiéndolo, y ese saber lo adquiriré sintiéndolo. Sólo sintiendo comprendo, al menos yo. No digo que sea una receta, sólo digo que si siento (y al decirlo la imagen que viene a mí es un pecho abierto, no sangriento obvio, y algo parecido a música o un fluir de colores entra y sale y yo respiro profundo, no puedo decir más que siento como si nunca hubiese respirado de esa manera tan profunda y dulce) entiendo, logro captar y eso que entiendo, que aprehendo, que siento, pasa a formar parte de mí, es yo y yo soy con él, en él.
La problemática de la idea-bola-de-nieve es la que, creo, evitó que pudiese ser científico (obvio, entre otras razones). Cómo me puedo limitar a jugar por días, semanas, años, con un modelo que sé a priori que es de juguete, que sé que no describe más que una parte de la realidad ínfima (con muchísima suerte), si hay tanto, tanto por sentir y descubrir? Es un compromiso demasiado grande con una idea que no lo merece. No es coherente con lo que yo siento como mi manera de conocer, ergo de vivir. No puedo comprometerme con una idea en la que no creo, o con una idea que pretende describir un aspecto de la realidad que, en el fondo, me resulta absolutamente irrelevante; o al menos me resulta poco relevante para la dedicación que requiere.
Sin embargo me puedo colgar con juegos, con darle lógica a cosas inexistentes, con escribir realidades inverosímiles. Entonces, por qué no puedo dedicarle el tiempo a un juego como la ciencia?

Me causa gracia toda esta verborragia, y la excusa que encontré como para destaparla. Surgió una idea tonta como para escribir algo, y después de ella, como los dedos ya estaban en movimiento (una especie de precalentamiento?) comenzaron a salir otras cosas que estaban esperando ser escritas. Sé que eso pasa, sin embargo usualmente no respondo al llamado. Quizás sea porque algunas veces en las que sí lo hice me encontré sin nada que decir a los cinco minutos de haber comenzado.
La idea de juntar todo lo alguna vez escrito y dibujado me gusta. De alguna manera me recuerda al baúl de calvino, ese en el que tenía metidos todos los papelitos en los que alguna vez escribió algo, y al que recurría cuando necesitaba algo de inspiración para su próximo libro. Me doy cuenta, también, cómo la preocupación y el uso de la cabeza que sigue ejerciendo la puta facultad impide que pueda encontrar este espacio en paz. Las veces que me lo dedico suele darme culpa por no usar tiempo y cabeza para cosas más 'importantes'. Mierda, que ésto es más importante. Aquí me hallo, y nunca termino de asumirlo...

0

Las pocas cosas que se me ocurrieron para poner aquí:
- Un resumen filtrado de las cosas que escribí en los últimos tiempos.
- Lo mismo, pero de mis dibujos.
- Quería hacer una especie de autohistoria fotográfica. Quizás tomar una foto anual y armar un collage. Luego, hacer lo mismo con Iru y los chiquitos.
Si esto funciona me gustaría mantenerlo. Genera una sensación extraña: nadie más que yo lo leerá, pero sin embargo existe una posibilidad no nula de que alguien más lea algo de lo que escriba aquí. Por lo tanto, hay algo de exhibicionismo en todo el chiste. Algo -llamativo, por cierto- lleva a que sea más... atractivo, quizás, escribir aquí que en un .doc, tal como hice siempre.