lunes, 10 de agosto de 2009
Más refritos
Estiro mi mano y veo dedos, veo que se estiran delante de mis ojos.
Si levanto la vista de ella, que veo? Veo un espacio vacío, veo un cuarto sin cosas, veo las cosas en mi imaginación, sólo en mi imaginación. Un agujero, un hueco inmundo y hediondo.
Es un sueño. Es el color de los sueños, es el silencio de lo muerto.
Alguna vez existió el anhelo de vida. Alguna vez supe lo que era estar vivo. Alguna vez, alguna vez.
Me falta el aire, ahora. Amo, pero no. Sigo hilos inconexos. Sigo hilos que se cortan sin que sepa dónde ni en qué puto momento.
A veces huelo aire. A veces siento esa frescura. A veces veo reflejos, sólo a veces. Pero no los entiendo, no me entienden, y se desentienden. Y temen, por algún motivo que desconozco temen, me temen, me huyen. Y entonces corro detrás suyo, pero ellos tienen piernas más largas y escapan de mis garras, de mi vacío, de mi ansia de reflejo.
Y entonces me quedo con los maniquíes, me quedo con espejos de colores pálidos y ausentes. Me conformo con ellos, pensando (creyendo) que son reflejos veros, reflejos divinos como los que el aire limpio que penetra mi nariz busca, desea, anhela.
¿ansia? ¿deseo de vida ausente?
¿qué es real? Por qué no puedo concretar mi realidad?
Son los pensamientos de un vagante, un fugitivo.
Desterrado, no pertenece a ninguna parte, no a nadie. Todos lo desean (el alguna parte, no a él), todos lo buscan, todos se aferran a sus chops de madera flotante para no hundirse. Yo también quiero hacerlo, pero veo los trozos de madera y no les creo. No busco no hundirme, busco volar, y un trozo de madera no sirve para eso.
¿por qué esos entes me calan tan hondo, sin que pueda hacerles lo mismo? Yo no soy un ser real, no pretendo realidad. Pretendo ser un ser fantástico. Pretendo tener alas, pretendo que esto no es, sino que es una ficción. Pero no puedo salir del espacio plano solo, no de esta manera. No tengo herramientas, soy un pobre inútil sin manos y sin medios. Pero puedo construirlos, puedo ayudarme, puedo dar mis manos. Tengo mis manos, pero no para mí, para otros. Yo no puedo usarlas, las puedo prestar a otros, y de esa manera pueda usarlas.
Levantó la cabeza de la taza y el humo caliente. Todo volvió a tener forma de lo que solía ser. Levantó su cuerpo dolorido de la silla y caminó por el cuarto, con otras gentes y otros humos. Y tiró monedas por el piso, para que otros levanten, no con desdén sino con desaprensión. Salió y el vaho frío le hundió los dientes en las mejillas. No importa, no importa. Lo importante no se va con el aire frío de una mañana, se va por los otros, se va por tu tiempo perdido. Se va por tus deseos de otros, se va en la mano del dedo que te apunta en la nuca. Y es etéreo, no sé qué es. No lo puedo reconocer cuando no lo tengo, no puedo hablar de ello cuando no estoy en sus brazos, y cuando estoy no tiene sentido perder el tiempo tratando de explicarlo pues es inexplicable. Y explicarlo lo aleja. No puedo pretender determinar lo indeterminable. No es caos, no es azar. Es causal, pero no. No es resultado de una opción binaria. Escapa. Es risible, cuando no lo ves. Pero es una fantasía, una utopía, una anhelo ridículo, cuando no lo poseo. Entonces, dio un primer paso. Hacia algún lado, izquierda, derecha, por ahí no tenía demasiada importancia. Son pasos lentos, el tiempo tiene otro sentido ahora. No estoy drogado, pero es como si como. Y escribo su estado porque es el que quiero, el que pretende mi mente, el que pretende mi alma, el estado de todo sin importancia. Su saco raído. Los bolsillos son como de pana, raspa y no abriga un carajo. Hay un paquete de cigarros viejo, pido fuego. Como enfrento a esos otros? Me entienden? Los entiendo? Me necesitan? Los necesito? Eso último, creo que sí, pero no sé de qué manera. Qué puedo dar? Qué doy? Si lo único que define mi ser y que me creo capaz de dar es ésto, qué es lo que estoy dando? Estoy mintiendo, acaso? Miento porque los necesito, porque los necesito porque temo a la soledad y a la muerte? Entonces por eso soy bueno? Yo no soy nada, soy ese tipo perdido que camina con un saco viejo y raído perdido por una calle de una ciudad podrida. No soy un monstruo como los que veo a través de mis ojos de viejo. No soy uno de esos que necesita hacer algo para ser alguien, pero me contagian tanto que a veces creo que no soy ese viejo y que soy uno de esos jóvenes que hacen cosas. Yo no necesito hacer cosas, me basto por mí mismo. Pero alguien me grita adentro que tenés que hacer muchas cosas para ser alguien. Y si lo único que me define es indefinible? Si no puedo definirme lo que me define, más que en ciertas circunstancias en las que tratar de hacer el esfuerzo de hacerlo es perder el tiempo, carece de sentido y de hecho aleja la circunstancia? Cómo hago para asociar lo que soy con lo que debo ser? Cómo hago para ser un viejo vagabundo, sin nada para hacer, y poder hacerlo en paz? No quiero hacer nada bien, ése es el pensamiento liberador. No quiero ni expresarme bien, no quiero tener que hacerlo bien. Quiero convivir con mi saco raído.
Caminaba, entonces. Pero por dónde, ni puta idea. Frío y sol, mis días favoritos. Frío, porque te despeja pero te mete para adentro. Pero el sol, da vida, entonces te saca. Y el aire entra mejor en los pulmones cuando está más frío.
Caminando, llegó a un lugar con agua. Como una playa, pero no una playa. Una calle y todos sus edificios que se acaban de repente frente al agua, pero en la distancia. No me acerco, no puedo acercarme al agua. Igual puede ver por encima, y qué ve? El horizonte, el vacío.
Corre, entonces. Pierde un poco su compostura y corre, sin interés en sus ropas, su cuerpo o los ojos de los entes que ven a un pobre pordiosero correr como un desesperado porque está perdiendo su tiempo, que ya perdió de todas maneras. Corre hacia el horizonte pero no llega, el vagabundo. Pero en realidad no corre hacia el horizonte, no sabe hacia dónde corre. Corre hacia una habitación que vio alguna vez, en la que había una nena llorando en un rincón, que veía los colores de los aromas que amaba, pero que lloraba porque estaba sola en la habitación y se refugiaba en ella, porque estaba cerrada y con una ventana sólo hacia el cielo. Corrió él, llegó a la habitación implantada en medio de la calle, vio la ventana y sintió los colores y el llanto, y golpeó las paredes infranqueables, golpeó entre llantos y se desgarró los dedos hasta ver sus propios huesos tratando de romper los ladrillos, rompió pero siente cómo la habitación sube, cómo se aleja. La pared sigue allí, pero la habitación sube, como si repentinamente el cuarto se transformase en un edificio y arriba de todo la habitación que llega al cielo pero no lo lleva, y se lleva a la nena y la aleja de él, indefectiblemente la aleja, se desentiende (obvio, es una habitación) y la aleja de él, probablemente para siempre.
Se va, entonces. Y ve que hay otras habitaciones, otros edificios, aunque ahora no los puede reconocer, no sabe qué edificios son qué edificios, no sabe qué es una habitación, no sabe nada. No sabe, y ve fantasmas, y teme a los fantasmas. Se vuelve fantasma, se sabe fantasma, y se teme. Vuelve a su café, vuelve a su reducto, vuelve a su nada, a su lugar donde hay entes pero no hay nadie. Vuelve al silencio de la ausencia, vuelve a poner caras y caretas, vuelve a no entender nada de nada, vuelve a un mundo que desconoce, vuelve a un mundo que no es el suyo. Vuelve a tratar de tener que querer hacer que no es el vagabundo que es, y lucha por su vida.
De repente hay un bosque, y ya no es el vagabundo. Es algo, o alguien, y está perdido en el bosque, pero estar perdido no implica estar perdido. No está perdido en el bosque, en el bosque no se está perdido, en el bosque no se está perdido porque no hay direxión, no hay dónde ir, no hay que ir a ningún otro árbol, y no hay tiempo, el tiempo no existe, entonces no hay por qué estar perdido. No sé, yo, quien escribe, qué es el bosque, no lo conozco, quizás lo anhelo. Pero volvamos a nuestro protagonista, que sobre él es el relato, y no sobre mí. Hay hojas, sobre los árboles y sobre el piso. No hay entes, hay verde y sólo verde. Hay almas, también, en alguna parte, aunque ahora no las veo, las intuyo. Las intuye.
miércoles, 29 de julio de 2009
Amén
Girondo, un amigazo.
Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.
lunes, 27 de julio de 2009
Cita: José Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas.
El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas "ideas" fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ellas es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad — a saber, que vivir es sentirse perdido — el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a qué agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Estas son las únicas ideas verdaderas: las ideas de los náufragos. Lo demás es retórica, postura, íntima farsa. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad.
(Gracias a Mónica por haberme presentado este retazo hace tantos años...)
domingo, 26 de julio de 2009
Amo dejarme llevar por la belleza, por la percepción de la finitud de las cosas, cuando consigo captarlas en su momento preciso.
Amo reflexionar sobre lo bello, sobre la parte de la existencia, del ser, que le da felicidad a mi alma. Cuando me encuentro solo mis reflexiones se van a lo oscuro, a intentar dilucidar por qué el existir me lleva a sufrir. Y no deseo eso, deseo reflexionar y percibir poesía en la vida, la fragancia de una flor cuando la primavera comienza, la belleza de una melodía, de un color. Sólo puedo sentir la existencia de esa manera si siento que no estoy solo, que… estar vivo es, en sí mismo, vida, y que vida es ser con otros, y en otros…
Entendés ahora por qué me cuesta tanto concebirme solo, aceptar que no hay nada ni nadie más allá de esto que, aquí y ahora, percibo, y sólo a través de mí mismo, sin trascender de ello? Entendés por qué no me resigno, por qué, sin declararlo, evidentemente creo que hay algo más allá, que lo imponderable, lo irracional, no necesariamente carece de existencia?
Entendés por qué necesito a mis Iguales, a mis Espejos? Porque a través de ellos le devuelvo al Universo parte de su sustancia, contribuyo al ser, a la luz que ilumina y espanta el vacío...
Veo, capto, percibo, incorporo...
Qué es esto de la percepción...? Cómo es el chiste de que de repente veo dos ventanas, luego miro de nuevo y hay tres...? Sé que mi mente completa la información faltante para que lo que recibe sea coherente, se inscriba en un marco en el que mi raciocinio le dé cabida, donde las cosas sean relativamente comprensibles, donde no varíen arbitrariamente. Donde las... fantasías, o realidades, que percibíamos con mi hermano cuando chicos ya no tengan cabida por no formar parte del mundo adulto real. Pero por qué a veces todavía falla y veo dos ventanas en lugar de tres?? Es acaso para que la pregunta no muera, para que termine de asumir que la visión de ciertas cosas que tenía cuando era chico era más fiel a lo que está del otro lado, que ésta que me supe construir como intento de adulto?
Insisto en preguntarme cotidianamente qué es lo real, y qué sentido tiene la necesidad de construcción de un marco inamovible en el que todo lo que me rodea ocupe su justo lugar. Cuán... adecuado, o posible, es eso, cuando tengo conciencia plena del hecho de que en un plumazo las cosas están, son, y luego al siguiente dejan de. Pero si no hay afán de construcción bajo algún criterio, entonces el ser es simplemente un devenir no consciente, un dejar que las cosas sean, sin sentido, sin pretensión, sin razón de ser en sí mismas. Se es, punto, de la misma manera que es una roca, o una bocanada de aire. Qué me diferencia de ellas, entonces? Acaso es mi capacidad de accionar sobre la realidad lo que me da sustancia, lo que me da ser? Qué papel cumple la conciencia? Su rol se limita, también, exclusivamente a ser y a no incidir en la realidad, no más que como lo hace una roca? Mi cultura discrepa con ese punto de vista y mi intuición se rebela, no termino de aceptar ni racional ni irracionalmente que entre una roca y yo no hay diferencia sustancia, y sin embargo esa misma visión cultural resulta insatisfactoria, en tanto se espera algo que nunca se obtiene, a saber, esa capacidad de prever ciertas cosas que casi por definición son impredecibles. Qué o quién soy, y cuál es mi papel en toda esta conjura? Ninguna de estas preguntas se puede responder aquí, ahora. A lo mejor sólo se pueden responder cuando no es necesario responderlas, pero entonces ya no tienen sentido como preguntas... luego, caigo otra vez en eso de que aquí simplemente... se deviene, y no hay idea a priori que fundamente ninguna construcción. Sin embargo algo en mí se rebela contra tal conclusión, siento la necesidad de construir, de crear. De confiar...
Correlación entre magia y ciencia
Qué es lo que uno entiende por 'magia' en el contexto en el que se puede hacer esa pregunta? Bueno, yo creo que en mi caso en particular implica la suposición de una disciplina que abarca un saber profundo, arcano, antiguo, cuyo objetivo último es la comprensión de la realidad y que, en el camino de alcanzar ese objetivo último, obtiene otros saberes menores que permiten a quien ejerce ese saber manipular la realidad a su (relativo) antojo. Por supuesto, hay principios que son inquebrantables pues sino todo mago de leyenda sería todopoderoso, pero en término generales se me ocurre pensar que la descripción es válida. Ahora, yo me pregunto, qué diferencia esa descripción de una descripción de la pretensión de conocimiento que tenemos en esta realidad? Quizás hay detalles epistemológicos, cognitivos, que claramente se me escapan, pero se me ocurre pensar que esa descripción tranquilamente podría aplicarse a la ciencia. Y es gracioso pensar en que las limitaciones al conocimiento que tiene la ciencia tranquilamente podrían aplicarse a la magia, así como su eventual falibilidad (en general un mago legendario falla mucho menos que un científico que hace una predicción).
Una diferencia interesante que encuentro es que nosotros, para ejercer el conocimiento, necesitamos desarrollar tecnología, y esa tecnología en general está asociada con el desarrollo de herramientas a partir de las cuales manipular o acceder a partes de la realidad previamente vedadas (una radiografía, un pesticida, un cohete, etc). Los magos, en cambio, aplican el saber directamente sobre ellos mismos para accionar sobre la realidad; a lo sumo suelen tener algún elemento mínimo sobre el cual concentrar su 'poder', pero en la práctica la aplicación de su saber sobre la realidad es a través de ellos mismos: nadie vio que Gandalf se construyese un cañón para espantar lobos espectrales, simplemente largó fuego desde su vara...
Otra diferencia que observo es que el 'sabio' presente está inmerso en su medio en tanto existe una estructura de poder que sustenta su saber. Como el saber que obtiene no incide sobre la realidad (directamente, esta afirmación se puede discutir) si no es a través de la creación de tecnología, necesita alguien a quien le interese la creación de tal tecnología como instrumento para detentar algún tipo de poder. Si a nadie le interesa, entonces nadie financia su conocimiento, su creación: de alguna manera el 'sabio' necesita de quien lo necesita a él tanto como se lo necesita recíprocamente. El mago, en cambio, en tanto puede utilizar su saber directamente para accionar sobre la realidad, no necesita ni de nada ni de nadie que le dé los medios como para poder adquirir su conocimiento: él se vuelve, no sólo a través de su saber sino también a través de esa capacidad para incidir sobre la realidad directamente, en una entidad con un poder en principio mucho mayor que la de cualquier otro, que no posea su saber. Ahí es donde, en las historias fantásticas, se me escapa un poco el por qué alguien así habría de no ser más que lo que la historia le pide: claramente, se pueden utilizar otro tipo de argumentos, holísticos, metafísicos, religiosos, etc, que contengan esa capacidad potencial. Pero está claro que si se pudiese encontrar una manera de limitar ese poder de una manera más 'realista' y sin necesidad de recurrir a terceras hipótesis podría encontrar (yo, al menos) otra manera de validar, en el contexto en el que la 'magia' existe, su consistencia.
Quizás una historia interesante sería la de alguien que empieza a vivenciar ese poder, y que repentinamente se encuentra con la posibilidad de volverse algo muy próximo a una entidad todopoderosa. Cuál sería la problemática que se podría plantear? Elegiría detenerse? Por qué, y por qué no? Cuál sería el objetivo, en tal búsqueda? En todo caso, esa adquisición de conocimiento y poder, le permitiría responder la pregunta inicial, la que motivó su búsqueda? En principio me permito suponer que no, por cuestiones relativamente obvias, pero bueno, ya se verá cuando le dedique más tiempo...
Todo esto es súper discutible y no es más que un borrador de idea, pero quería tenerla anotada en alguna parte para no olvidarla. Si alguien quiere hacer alguna crítica o comentario, mucho más que bienvenido...
Para qué
Tuve que responder esa pregunta: para qué.
Para qué me levanto, hoy.
Para qué voy a la panadería.
Para qué creo, para qué trabajo.
Supongamos que me vuelva la persona más exitosa del planeta. Ok, para qué?
Vos, que hace años que venís lidiando con la puta preguntita. Para qué?
Supongo que un refugio en razones racionales relativamente bien elaboradas aleja lo irrespondible de la pregunta. Un recurso al misticismo, a la irracionalidad calmante, también. Pero en última instancia, la preguntita sigue ahí, y ni él ni yo vamos a saber cómo responderla.
Supongo, como dije, que la única razón por la que vale la pena no renunciar es para seguir teniendo oportunidades de responderla. Tal vez aprender a vivenciar esa aparente paradoja sea la única razón, la única causa de la existencia consciente.
Uno puede, siempre (o casi siempre, bah) elegir ser un durmiente, un muerto vivo más. Si total está lleno el mundo, qué le hace una mancha más al tigre. Pero por un lado, una vez que abriste los ojos se complica cerrarlos... y por otro lado, terquedad básica: a mí no me vas a ganar, vida puta. No te voy a entregar tu sentido, y si me ganás voy a morir de pie, batallando, con los ojos bien abiertos, mirándote a la cara cuando te decidas a llevarte mi último hálito vital. No me vas a hacer un cobarde, no te tengo miedo: con los dientes apretados y mi puño de piedra que me defiende daré batalla. No hay discursos ligeros que valgan, no hay disimulo posible: esto es exclusivamente entre vos y yo, y no me vas a ganar. Te lo voy a gritar en la cara, te voy a sacar el sentido aunque no quieras, aunque te resistas hasta el último estertor y te valgas de todos tus recursos, incluso los más bajos, para adormecer mis sentidos y volver estéril mi alma. No te voy a permitir que uses a tus esbirros para engañarme y, de esa manera, dejar de creer. No te la vas a llevar así nomás.
Supongo que la firme convicción que da la terquedad puede levantar a los muertos... o puede ayudar a inventar razones para argumentos en cualquier otra circunstancia indefendibles. Pero por ahora, mi argumento se mantiene firme.