lunes, 27 de julio de 2009

Cita: José Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas.

Todas las cosas de que habla la ciencia, sea ella la que quiera, son abstractas, y las cosas abstractas son siempre claras. De suerte que la claridad de la ciencia no está tanto en la cabeza de los que la hacen como en las cosas de que hablan. Lo esencialmente confuso, intrincado, es la realidad vital concreta, que es siempre única. El que sea capaz de orientarse con precisión en ella; el que vislumbre bajo el caos que presenta toda situación vital la anatomía secreta del instante, en suma, el que no se pierda en la vida, ése es de verdad una cabeza clara. Observad a los que os rodean y veréis cómo avanzan perdidos por su vida; van como sonámbulos dentro de su buena o mala suerte, sin tener la más ligera sospecha de lo que les pasa. Los oiréis hablar en fórmulas taxativas sobre sí mismos y sobre su Contorno, lo cual indicaría que poseen ideas sobre todo ello. Pero si analizáis someramente esas ideas, notaréis que no reflejan mucho ni poco la realidad a que parecen referirse, y si ahondáis más en el análisis, hallaréis que ni siquiera pretenden ajustarse a tal realidad. Todo lo contrario: el individuo trata con ellas de interceptar su propia visión de lo real, de su vida misma. Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus "ideas" no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad.

El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas "ideas" fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ellas es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad — a saber, que vivir es sentirse perdido — el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a qué agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Estas son las únicas ideas verdaderas: las ideas de los náufragos. Lo demás es retórica, postura, íntima farsa. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad.

(Gracias a Mónica por haberme presentado este retazo hace tantos años...)

domingo, 26 de julio de 2009

Amo dejarme llevar por la belleza, por la percepción de la finitud de las cosas, cuando consigo captarlas en su momento preciso.

Amo reflexionar sobre lo bello, sobre la parte de la existencia, del ser, que le da felicidad a mi alma. Cuando me encuentro solo mis reflexiones se van a lo oscuro, a intentar dilucidar por qué el existir me lleva a sufrir. Y no deseo eso, deseo reflexionar y percibir poesía en la vida, la fragancia de una flor cuando la primavera comienza, la belleza de una melodía, de un color. Sólo puedo sentir la existencia de esa manera si siento que no estoy solo, que… estar vivo es, en sí mismo, vida, y que vida es ser con otros, y en otros…

Entendés ahora por qué me cuesta tanto concebirme solo, aceptar que no hay nada ni nadie más allá de esto que, aquí y ahora, percibo, y sólo a través de mí mismo, sin trascender de ello? Entendés por qué no me resigno, por qué, sin declararlo, evidentemente creo que hay algo más allá, que lo imponderable, lo irracional, no necesariamente carece de existencia?

Entendés por qué necesito a mis Iguales, a mis Espejos? Porque a través de ellos le devuelvo al Universo parte de su sustancia, contribuyo al ser, a la luz que ilumina y espanta el vacío...

Veo, capto, percibo, incorporo...

Dónde están todos mis pensamientos profundos? Andan dispersos en caminos que no son los propios, que no son los míos. Andan distraídos, confundidos.
Qué es esto de la percepción...? Cómo es el chiste de que de repente veo dos ventanas, luego miro de nuevo y hay tres...? Sé que mi mente completa la información faltante para que lo que recibe sea coherente, se inscriba en un marco en el que mi raciocinio le dé cabida, donde las cosas sean relativamente comprensibles, donde no varíen arbitrariamente. Donde las... fantasías, o realidades, que percibíamos con mi hermano cuando chicos ya no tengan cabida por no formar parte del mundo adulto real. Pero por qué a veces todavía falla y veo dos ventanas en lugar de tres?? Es acaso para que la pregunta no muera, para que termine de asumir que la visión de ciertas cosas que tenía cuando era chico era más fiel a lo que está del otro lado, que ésta que me supe construir como intento de adulto?
Insisto en preguntarme cotidianamente qué es lo real, y qué sentido tiene la necesidad de construcción de un marco inamovible en el que todo lo que me rodea ocupe su justo lugar. Cuán... adecuado, o posible, es eso, cuando tengo conciencia plena del hecho de que en un plumazo las cosas están, son, y luego al siguiente dejan de. Pero si no hay afán de construcción bajo algún criterio, entonces el ser es simplemente un devenir no consciente, un dejar que las cosas sean, sin sentido, sin pretensión, sin razón de ser en sí mismas. Se es, punto, de la misma manera que es una roca, o una bocanada de aire. Qué me diferencia de ellas, entonces? Acaso es mi capacidad de accionar sobre la realidad lo que me da sustancia, lo que me da ser? Qué papel cumple la conciencia? Su rol se limita, también, exclusivamente a ser y a no incidir en la realidad, no más que como lo hace una roca? Mi cultura discrepa con ese punto de vista y mi intuición se rebela, no termino de aceptar ni racional ni irracionalmente que entre una roca y yo no hay diferencia sustancia, y sin embargo esa misma visión cultural resulta insatisfactoria, en tanto se espera algo que nunca se obtiene, a saber, esa capacidad de prever ciertas cosas que casi por definición son impredecibles. Qué o quién soy, y cuál es mi papel en toda esta conjura? Ninguna de estas preguntas se puede responder aquí, ahora. A lo mejor sólo se pueden responder cuando no es necesario responderlas, pero entonces ya no tienen sentido como preguntas... luego, caigo otra vez en eso de que aquí simplemente... se deviene, y no hay idea a priori que fundamente ninguna construcción. Sin embargo algo en mí se rebela contra tal conclusión, siento la necesidad de construir, de crear. De confiar...

Correlación entre magia y ciencia

Se me ocurrió pensar en esto de hasta dónde se pregunta uno cuando hace ciencia. Cuáles son las hipótesis que se adoptan a partir de las cuales se estructura el saber. La constante de gravitación universal, la constante de Planck, el principio de mínima acción, el de incerteza, y así.
Qué es lo que uno entiende por 'magia' en el contexto en el que se puede hacer esa pregunta? Bueno, yo creo que en mi caso en particular implica la suposición de una disciplina que abarca un saber profundo, arcano, antiguo, cuyo objetivo último es la comprensión de la realidad y que, en el camino de alcanzar ese objetivo último, obtiene otros saberes menores que permiten a quien ejerce ese saber manipular la realidad a su (relativo) antojo. Por supuesto, hay principios que son inquebrantables pues sino todo mago de leyenda sería todopoderoso, pero en término generales se me ocurre pensar que la descripción es válida. Ahora, yo me pregunto, qué diferencia esa descripción de una descripción de la pretensión de conocimiento que tenemos en esta realidad? Quizás hay detalles epistemológicos, cognitivos, que claramente se me escapan, pero se me ocurre pensar que esa descripción tranquilamente podría aplicarse a la ciencia. Y es gracioso pensar en que las limitaciones al conocimiento que tiene la ciencia tranquilamente podrían aplicarse a la magia, así como su eventual falibilidad (en general un mago legendario falla mucho menos que un científico que hace una predicción).
Una diferencia interesante que encuentro es que nosotros, para ejercer el conocimiento, necesitamos desarrollar tecnología, y esa tecnología en general está asociada con el desarrollo de herramientas a partir de las cuales manipular o acceder a partes de la realidad previamente vedadas (una radiografía, un pesticida, un cohete, etc). Los magos, en cambio, aplican el saber directamente sobre ellos mismos para accionar sobre la realidad; a lo sumo suelen tener algún elemento mínimo sobre el cual concentrar su 'poder', pero en la práctica la aplicación de su saber sobre la realidad es a través de ellos mismos: nadie vio que Gandalf se construyese un cañón para espantar lobos espectrales, simplemente largó fuego desde su vara...
Otra diferencia que observo es que el 'sabio' presente está inmerso en su medio en tanto existe una estructura de poder que sustenta su saber. Como el saber que obtiene no incide sobre la realidad (directamente, esta afirmación se puede discutir) si no es a través de la creación de tecnología, necesita alguien a quien le interese la creación de tal tecnología como instrumento para detentar algún tipo de poder. Si a nadie le interesa, entonces nadie financia su conocimiento, su creación: de alguna manera el 'sabio' necesita de quien lo necesita a él tanto como se lo necesita recíprocamente. El mago, en cambio, en tanto puede utilizar su saber directamente para accionar sobre la realidad, no necesita ni de nada ni de nadie que le dé los medios como para poder adquirir su conocimiento: él se vuelve, no sólo a través de su saber sino también a través de esa capacidad para incidir sobre la realidad directamente, en una entidad con un poder en principio mucho mayor que la de cualquier otro, que no posea su saber. Ahí es donde, en las historias fantásticas, se me escapa un poco el por qué alguien así habría de no ser más que lo que la historia le pide: claramente, se pueden utilizar otro tipo de argumentos, holísticos, metafísicos, religiosos, etc, que contengan esa capacidad potencial. Pero está claro que si se pudiese encontrar una manera de limitar ese poder de una manera más 'realista' y sin necesidad de recurrir a terceras hipótesis podría encontrar (yo, al menos) otra manera de validar, en el contexto en el que la 'magia' existe, su consistencia.
Quizás una historia interesante sería la de alguien que empieza a vivenciar ese poder, y que repentinamente se encuentra con la posibilidad de volverse algo muy próximo a una entidad todopoderosa. Cuál sería la problemática que se podría plantear? Elegiría detenerse? Por qué, y por qué no? Cuál sería el objetivo, en tal búsqueda? En todo caso, esa adquisición de conocimiento y poder, le permitiría responder la pregunta inicial, la que motivó su búsqueda? En principio me permito suponer que no, por cuestiones relativamente obvias, pero bueno, ya se verá cuando le dedique más tiempo...

Todo esto es súper discutible y no es más que un borrador de idea, pero quería tenerla anotada en alguna parte para no olvidarla. Si alguien quiere hacer alguna crítica o comentario, mucho más que bienvenido...

Para qué

Tuve la responsabilidad de rescatar a un hermano.
Tuve que responder esa pregunta: para qué.
Para qué me levanto, hoy.
Para qué voy a la panadería.
Para qué creo, para qué trabajo.
Supongamos que me vuelva la persona más exitosa del planeta. Ok, para qué?
Vos, que hace años que venís lidiando con la puta preguntita. Para qué?
Supongo que un refugio en razones racionales relativamente bien elaboradas aleja lo irrespondible de la pregunta. Un recurso al misticismo, a la irracionalidad calmante, también. Pero en última instancia, la preguntita sigue ahí, y ni él ni yo vamos a saber cómo responderla.
Supongo, como dije, que la única razón por la que vale la pena no renunciar es para seguir teniendo oportunidades de responderla. Tal vez aprender a vivenciar esa aparente paradoja sea la única razón, la única causa de la existencia consciente.
Uno puede, siempre (o casi siempre, bah) elegir ser un durmiente, un muerto vivo más. Si total está lleno el mundo, qué le hace una mancha más al tigre. Pero por un lado, una vez que abriste los ojos se complica cerrarlos... y por otro lado, terquedad básica: a mí no me vas a ganar, vida puta. No te voy a entregar tu sentido, y si me ganás voy a morir de pie, batallando, con los ojos bien abiertos, mirándote a la cara cuando te decidas a llevarte mi último hálito vital. No me vas a hacer un cobarde, no te tengo miedo: con los dientes apretados y mi puño de piedra que me defiende daré batalla. No hay discursos ligeros que valgan, no hay disimulo posible: esto es exclusivamente entre vos y yo, y no me vas a ganar. Te lo voy a gritar en la cara, te voy a sacar el sentido aunque no quieras, aunque te resistas hasta el último estertor y te valgas de todos tus recursos, incluso los más bajos, para adormecer mis sentidos y volver estéril mi alma. No te voy a permitir que uses a tus esbirros para engañarme y, de esa manera, dejar de creer. No te la vas a llevar así nomás.
Supongo que la firme convicción que da la terquedad puede levantar a los muertos... o puede ayudar a inventar razones para argumentos en cualquier otra circunstancia indefendibles. Pero por ahora, mi argumento se mantiene firme.

lunes, 8 de junio de 2009

Acerca de la Traición, Edipo y Kundera

Quiero reflexionar en torno al concepto de traición, en particular al de traición de principios, de compromisos emocionales, no racionales, a la necesidad de construir un discurso, una moral en torno a la cual la traición deja de ser tal y se transforma en contingencia, en simple circunstancia contenida por un devenir inevitable. Edipo en la nota de Tomás: la responsabilidad de los propios actos, el reconocimiento de la culpa a pesar del accionar negligente, el causar daño en otro u otros y argumentar que no había escapatoria, que no es que se fue cobarde sino que no se pudo actuar de otra manera porque los sentimientos, o la política, o la sociedad o la circunstancia. El peor enemigo del espíritu libre, sensible, es el traidor, aquél que actúa únicamente partiendo de la entidad puntual (yo, aquí, ahora), olvidando que el universo es interactuante, que se conforma por definiciones extensas (nosotros, aquí y allá, ayer y mañana). Cómo se le da entidad al que traiciona sus principios, al que traiciona su palabra, su persona? Cómo se entiende a quien logra seguir viviendo a pesar de haber decidido renunciar a probablemente lo único que lo hace digno, su palabra, su coherencia entre palabra y acto? Que moral maldita es la que, en la concepción de tales individuos, logra permitirles que trasciendan una escisión tan evidente? Claramente, a través de nuevos discursos en los cuales el mal actuar no sea tal cosa sino que adquiera plena significación, recurriendo en general a la salvación individual...
Pero más importante, como es que *nosotros* dejamos que determinadas personas, vestidas en galas angelicales, intelectuales, emocionales, sensibles, logren vulnerar las defensas para, una vez habiendo entrado como Aquiles y su puto caballo, destruir Troya desde adentro, logrando que no quede absolutamente nada en pie, ni siquiera la fe en el amor, en la amistad, en que existe algo bueno en este puto mundo? Como podemos seguir creyendo en que existe algo bueno si fue justamente un ángel inmaculado quien decidió clavar la daga justo a la altura del corazón, por la espalda pero al mismo tiempo mirándonos a los ojos, dejándonos ver que son tan buenos, y tan miserables, y tan cobardes y tan terribles como nunca hubiésemos podido concebir? Como se reconstruye la bondad, la fe... la fe en todo lo que da sentido a la existencia, si esos que te permitían fundamentarla fueron quienes en definitiva te la destruyeron...? Nada, supongo que entonces no queda nada, y no queda más alternativa que aceptar que las únicas soluciones válidas son las de compromiso, las que te permiten sobrellevar el dáa, aceptar que las cosas fluyen y no hay nada después de ellas, que el sentido se acaba allí mismo, en el punto, que no sólo no tiene sentido confiar sino que incluso es contraproducente... que las cosas existen únicamente mientras duran y no hay proyección posible, que la traición está a la vuelta de la esquina y quien hoy es tu amigo o te declara amor incondicional mañana te puede estar traicionando en tu negocio, acostándose con tu mujer o diciéndote que se le pasó el amor, que quiere ser un 'espíritu libre'... esta gente terrible pone en jaque cualquier fundamento para la construcción, y me sigo preguntando en virtud de qué se valida tamaña destrucción, tamaña incapacidad de soportar la bondad, el credo, el vinculo, la inocencia, el amor, la inmanencia. Prefiero seguir siendo inocente, ingenuo. Prefiero creer que lo que hacemos en vida repercute en la eternidad, que todas nuestras traiciones algún día nos pasarán la cuenta, y que lo que nos dignifica es la capacidad de vincularnos, que nuestra libertad se juega también en la dignidad que exhibimos cuando elegimos jugarnos por una causa, por una persona, por un amor. Descreo de quienes oscilan como veletas, por más que es el paradigma de la época, descreo y desprecio a quienes se montan a una reputación, un cargo o un delirio de grandeza insufrible, a quienes declaman amar y poder entregarse libremente para luego salir corriendo pues son incapaces de asumir su libertad como capacidad de compromiso. Me siento digno, feliz y honrado de saber hacerme cargo de mis emociones, de mis decisiones, de mis compromisos, de mi amor. Siento que tengo algo personal con todos aquellos que no sólo son cobardes y dicen no serlo, sino que además se arman un discurso en el cual son buenos y poseen justas razones para actuar como hacen, que carecen de la capacidad de hacerse responsables de sus actos, del daño que hacen a sus semejantes cuando actúan como criaturas inconscientes, como egos sobredimensionados y al mismo tiempo insoportablemente dolientes.
A través de estos seres me manifiestan criaturas de pesadillas ancestrales, que buscan justificar su accionar con palabras dulces: esbirros del Sin Nombre, lamias, íncubos y súcubos, demonios miserables, fétidos y corruptos que pervierten el sentido de la existencia.
En otro momento escribiré más sobre Edipo y la incapacidad de declararse negligente, que la negligencia no es excusa como para negar la culpabilidad. Esa reflexión, hecha claramente antes de haber leído el libro de Kundera al que hago referencia, es la que me llevó a mí mismo en su momento a penar mis (pequeñas? grandes?) traiciones, a no desaparecer de la vida de mi hija, a hacerme cargo de que mi negligencia no me liberaba de mi responsabilidad y estaba llamado a responder a ella. Esto nos diferencia a nosotros de a ellos: ellos se van, nosotros nos quedamos y nos hacemos responsables de nuestros actos, de nuestra palabra empeñada, y si no podemos entonces no buscamos un discursete barato que permita hacernos sentir buenos y que actuamos con justa causa: no, me hago cargo: fui un flor de hijo de puta, y con esa incapacidad de ser completamente bueno cargaré toda mi vida, por más que me duela, por más que sea insoportable el saber que se es tan capaz de dañar como cualquier otro. Soy miserable, bajo, humano, y mis errores definen buena parte de mi existencia: parte de esos errores son los dolores que, a sabiendas o por error, supe causar a alguno de mis hermanos, alguna de esos otros seres que han compartido tiempo de conciencia conmigo.
Trato de bancármela, trato de no ser cobarde, y el no salir corriendo es algo que muchas veces se pena, día a día, pero a veces en el discurso se encuentra un aliciente: insisto, el saber que se es digno, que no se buscaron razones (sabe Dios que nos sobran, siempre) para excusar un comportamiento miserable. Y sí, a veces se duda, a veces se maldice, pero la condición humana implica finitud, y quien pretende ser omnipotente, quien cree gozar de un exceso de poder, quien cree que puede conocerlo todo, tarde o temprano se encontrará a los pies de su tumba penando por nunca haber podido plantar los pies en algo, siquiera en sí mismo, y muere más solo que en el medio del desierto...

martes, 6 de noviembre de 2007

5

Acerca de la mecánica cuántica, la continuidad del espacio y el tiempo como válvula de escape para (in)determinados gatos.

Groso. Sinceramente, no por hacerme el socrático, pero cada vez que intento ponerme a pensar seriamente en algo remotamente relacionado con la física me doy cuenta de que sé menos que un pollo. Ah! Quizás si usase este espacio (y absolutamente ningún tipo de vínculo, ni holónomo ni de los otros, me impediría hacerlo en principio) para explicarme determinados Objetos de Conocimiento, podría terminar comprendiéndolos. Whatever the case, el gato se muere o no...? Diríamos que ningunambos, cierto? Y que cuando lo mido (con regla-ojo) lo colapso (pobrecito, como estampilla...), lo aprieto contra la pared hasta que se decide: vivo, o muerto. Pobre gato.
Y si de repente su cola se enroscase en un Lorentz-like-style? Ahí nos atacamos con el folding de los manifolds, Arnold metiendo su lengua por todos lados, Poincaré haciéndose el zonzo y perdimos la brújula, forever.
Calvino, again. El tipo ese evidentemente me ganó de mano. En vez de Cosmicómicas, Cuantitrósticas. Infamias caóticas en torno a la indeterminación del color verde. And so.